Estoy encerrado en el silencio de las almas. Vago por sus fronteras como un ser sumiso e inmortal. Cuando al amanecer un horizonte plano me desdice de seguir adelante. Pero aún así, te sigo buscando. Sé que te escondes en mis insomnios hasta que amanezco más despistado que nunca. Camino por la vida casi desconociéndome y tentando la locura madrugadora de tu ausencia. Por las noches desespero con las estrellas que ya no están, como tú, cuando me voy a dormir solo por un día más. Estoy clavado en el madero del tiempo, desangrándome los pies y las manos, como Jesucristo a la cruz, pidiéndole tregua al castigo inhumano para verme contigo resucitado. Cuando todo parece tan obvio, me doy cuenta de tu presencia fantasmal. Sí sólo pudiera comprender que estoy del más allá que del más aquí, tal vez, te hallaría. Y así pudiera descansar, al fin, en paz.