Antares
Poeta adicto al portal
Otra vez mis pasos
me alejan de ciudades oscuras.
Veredas de ortigas aparecen
dejando atrás luces tenues
de farolas y bares,
donde tanto bebí de copas rotas.
Sangran mis labios,
aquellos que un día sí y otro tambien, despertaban en tí
el instinto animal y el deseo
ardiente de hacerme tuya.
Demasiados octubres
enseñan a seguir las huellas de
caminantes en busca de senderos de felicidad.
Descolgué los recuerdos
de tus besos...
Me sabían a poco.
No hay abrazos en mis brazos.
Ahora me hago el amor,
imaginando la calidez de nuestros cuerpos bajo la luz de la Luna.
Y mientras tanto,
tu camino te lleva a desnudar
con voracidad,
otros cuerpos, otras almas con
autómata frialdad,
esa que te nace a cada paso que das.
Te conozco bien...
Aprendí a soltar,
a descubrir que no había nadie
sujetándome la mano.
A sentir sin sentimientos,
a la ausencia del amor,
a dar sin recibir,
a vivir sin esperar.
Te conozco bien...
me alejan de ciudades oscuras.
Veredas de ortigas aparecen
dejando atrás luces tenues
de farolas y bares,
donde tanto bebí de copas rotas.
Sangran mis labios,
aquellos que un día sí y otro tambien, despertaban en tí
el instinto animal y el deseo
ardiente de hacerme tuya.
Demasiados octubres
enseñan a seguir las huellas de
caminantes en busca de senderos de felicidad.
Descolgué los recuerdos
de tus besos...
Me sabían a poco.
No hay abrazos en mis brazos.
Ahora me hago el amor,
imaginando la calidez de nuestros cuerpos bajo la luz de la Luna.
Y mientras tanto,
tu camino te lleva a desnudar
con voracidad,
otros cuerpos, otras almas con
autómata frialdad,
esa que te nace a cada paso que das.
Te conozco bien...
Aprendí a soltar,
a descubrir que no había nadie
sujetándome la mano.
A sentir sin sentimientos,
a la ausencia del amor,
a dar sin recibir,
a vivir sin esperar.
Te conozco bien...
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