allix
Poeta fiel al portal
Busca en ti, dijo el ruiseñor de los andes.
Respondí que al buscar no había hallado nada antes.
Abrió sus alas y despegó hacia la muerte del sol,
Me quedé debajo de un árbol, esperando que las montañas consumiesen sus rayos de dolor.
Entonces vi a un peregrino descender bajo el nubarrón,
No le temía a aquel absoluto silencio, ni al gigantezco ventarrón.
Busca en ti, escuché, me pregunté si vino del peregrino, pero este yacía en el nicho del sol, a kilómetros.
Su voz no podría sonar ni tan cercana ni tan familiar... simplemente no podría sonar.
Miré las palmas de mis manos como quien mira un mapa,
Como quien busca la salida del laberinto más cercana
¿Una o muchas personas son las que he conocido en este viaje sin destino?
¿Una o muchas personas son las que he amado?
Quizá ninguna...
Pero eso no importa ahora.
Sigo perdido, atrapado en este fango
A donde me llevará el lodazal,
Las ranas croan sin cesar amenazándome por irrumpir en su edén y manatial.
Me dirijo a paso lento,
Con barro entre los dedos hacia donde el sol con tunantadas recibió su chulpa funeraria.
Me dirijo sin excusas, ni malas palabras.
Y entre la neblina logro divisar, mi hogar.
Donde muere el sol, allí resurjo yo.
Respondí que al buscar no había hallado nada antes.
Abrió sus alas y despegó hacia la muerte del sol,
Me quedé debajo de un árbol, esperando que las montañas consumiesen sus rayos de dolor.
Entonces vi a un peregrino descender bajo el nubarrón,
No le temía a aquel absoluto silencio, ni al gigantezco ventarrón.
Busca en ti, escuché, me pregunté si vino del peregrino, pero este yacía en el nicho del sol, a kilómetros.
Su voz no podría sonar ni tan cercana ni tan familiar... simplemente no podría sonar.
Miré las palmas de mis manos como quien mira un mapa,
Como quien busca la salida del laberinto más cercana
¿Una o muchas personas son las que he conocido en este viaje sin destino?
¿Una o muchas personas son las que he amado?
Quizá ninguna...
Pero eso no importa ahora.
Sigo perdido, atrapado en este fango
A donde me llevará el lodazal,
Las ranas croan sin cesar amenazándome por irrumpir en su edén y manatial.
Me dirijo a paso lento,
Con barro entre los dedos hacia donde el sol con tunantadas recibió su chulpa funeraria.
Me dirijo sin excusas, ni malas palabras.
Y entre la neblina logro divisar, mi hogar.
Donde muere el sol, allí resurjo yo.
Última edición: