davidul
Poeta asiduo al portal
Donde muere mis ruegos,
destinados a sordo dios,
nace el águila de fuego,
enervando el incendio
derrumbandose
la poliédrica cúpula
de nuestro cielo.
Gaseoso fueron nuestros mundos,
etéreos nuestros deseos,
que se recubrieron de versos,
amarrados a los sueños.
Y en la voracidad del temporal,
parte nuestro velero,
hacia el desamparo del frió espectral,
que de, cuando en cuando,
vara,
en la deshabitada isla,
de la impalpable felicidad.
destinados a sordo dios,
nace el águila de fuego,
enervando el incendio
derrumbandose
la poliédrica cúpula
de nuestro cielo.
Gaseoso fueron nuestros mundos,
etéreos nuestros deseos,
que se recubrieron de versos,
amarrados a los sueños.
Y en la voracidad del temporal,
parte nuestro velero,
hacia el desamparo del frió espectral,
que de, cuando en cuando,
vara,
en la deshabitada isla,
de la impalpable felicidad.