jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
el suave brillo que emiten
las luces rojas traseras del taxi
en que viajas con incierto destino y dos maletas
después de salir de casa diciendo
que al parecer se te acabó el amor
se aleja ahora calle abajo
a 35 kilómetros por hora
y se va difuminando progresivamente
a medida que pasan los segundos
-y el cigarrillo en mi mano se acorta
y mi mirada se enturbia-
hasta no ser de pronto ya nada
más que un insignificante punto perdido
en el creciente resplandor de las farolas
del alumbrado público de la ciudad
que se van encendiendo como cada día
a esta hora triste del atardecer
las luces rojas traseras del taxi
en que viajas con incierto destino y dos maletas
después de salir de casa diciendo
que al parecer se te acabó el amor
se aleja ahora calle abajo
a 35 kilómetros por hora
y se va difuminando progresivamente
a medida que pasan los segundos
-y el cigarrillo en mi mano se acorta
y mi mirada se enturbia-
hasta no ser de pronto ya nada
más que un insignificante punto perdido
en el creciente resplandor de las farolas
del alumbrado público de la ciudad
que se van encendiendo como cada día
a esta hora triste del atardecer