Tamar
Poeta adicto al portal
Dormida,
junto al musgo de los árboles,
pidiéndole al viento que les de más vida,
a ellos, y a mis esperanzas,
que flotan en un rítmico descenso espiral.
Sigue sin escucharme,
que lento se nos volvió bajar esta montaña.
Tu pulsera empieza a apretarme,
a dejarme penosas marcas, como tatuajes,
y el sigue sin escucharme.
Mis lágrimas también bajan,
por un camino bastante similar al nuestro.
Comienza con mis ojos en un reflejo ajeno,
se hunden en las ojeras de la historia circular,
un lunar convertido en el testigo perfecto,
y terminan en el suelo, con asco.
Empiezo a tejer mi trenza,
y el sigue sin escucharme.
Mezclo la pintura en mis manos,
y empiezo a pintar.
Este cristal empieza a odiarme
y a reprocharme la falta de colores..
El sigue sin escuchar.
Jamás exististe.
Sólo fuiste un sombrero.
¿Ya de que me arrepiento?
El nunca escuchó mis sueños.
En una nube,
el par que baila,
que las miradas cruzan.
¿Un arco iris?
Dormida...
junto al musgo de los árboles,
pidiéndole al viento que les de más vida,
a ellos, y a mis esperanzas,
que flotan en un rítmico descenso espiral.
Sigue sin escucharme,
que lento se nos volvió bajar esta montaña.
Tu pulsera empieza a apretarme,
a dejarme penosas marcas, como tatuajes,
y el sigue sin escucharme.
Mis lágrimas también bajan,
por un camino bastante similar al nuestro.
Comienza con mis ojos en un reflejo ajeno,
se hunden en las ojeras de la historia circular,
un lunar convertido en el testigo perfecto,
y terminan en el suelo, con asco.
Empiezo a tejer mi trenza,
y el sigue sin escucharme.
Mezclo la pintura en mis manos,
y empiezo a pintar.
Este cristal empieza a odiarme
y a reprocharme la falta de colores..
El sigue sin escuchar.
Jamás exististe.
Sólo fuiste un sombrero.
¿Ya de que me arrepiento?
El nunca escuchó mis sueños.
En una nube,
el par que baila,
que las miradas cruzan.
¿Un arco iris?
Dormida...