Dormida en tu lecho indolente,
Toco tu rostro emblanquecido y sublime,
Como pétalos de flor la nieve ha dejado,
Helada y fría
Y lo acaricio, con ternura pura,
Mientras rueda una lágrima en mi mejilla,
Toco tu rostro emblanquecido y sublime,
Como pétalos de flor la nieve ha dejado,
Helada y fría
Y lo acaricio, con ternura pura,
Mientras rueda una lágrima en mi mejilla,
Voy poco a poco destapando el manto que te cubre,
Hasta ver tu cuerpo inerte por completo,
Y me acerco y lo abrazo
Aun tu vientre guarda el calor de tu despedida,
Y me pregunto resignada...
¿Por qué te has ido?
Sabiendo que descanso te mereces,
Más mi dolor no entiende,
Solo mi mente conoce.
Hasta ver tu cuerpo inerte por completo,
Y me acerco y lo abrazo
Aun tu vientre guarda el calor de tu despedida,
Y me pregunto resignada...
¿Por qué te has ido?
Sabiendo que descanso te mereces,
Más mi dolor no entiende,
Solo mi mente conoce.
Recorro poco a poco tu cuerpo,
Mirando entristecida las marcas,
Que ha dejado la muerte,
En tus manos
En tus brazos
En tu pecho silenciado,
Y no aguanto el dolor de mi alma,
Ríos de mis ojos,
Refrescan tu cara.
Mirando entristecida las marcas,
Que ha dejado la muerte,
En tus manos
En tus brazos
En tu pecho silenciado,
Y no aguanto el dolor de mi alma,
Ríos de mis ojos,
Refrescan tu cara.
Vamos colocándote la ropa precisa,
Aquella que un día me pediste,
No olvido el calzado también apremia.
Te doy un beso en la frente,
Pensando que quizás despertarías,
Más no es así, solo duermes
Profundamente en lecho de la muerte
Aquella que un día me pediste,
No olvido el calzado también apremia.
Te doy un beso en la frente,
Pensando que quizás despertarías,
Más no es así, solo duermes
Profundamente en lecho de la muerte
Derechos reservados: Alexandra F.N.