Gustavo Soppelsa
Poeta recién llegado
En lo más terso
de tu vientre
donde la montaña declina
y cae en hondonadas
de minuciosos,
pequeñísimos pinceles,
con diminutas gotas,
allí en los bordes ondulados,
voy a usar
para el asalto
los besos que pueden
guiar al amor por hondonadas.
Con mis besos,
haré equilibrio en las laderas,
prestaré mi vida al riesgo
de amar,
me mojaré los labios
en esas gotas
brotadas al calor
de mi mano.
Aguardaré luego la mañana.
Soñaré que he vuelto
a vivir por siempre
en tu mitad,
en tu centro,
en tu abismo,
donde no seré hallado
por nada ni por nadie.
Despertaré sin dolor.
Abriré los ojos,
y sin poder sentirme
ni una milésima
humillado
rogaré por más besos.
de tu vientre
donde la montaña declina
y cae en hondonadas
de minuciosos,
pequeñísimos pinceles,
con diminutas gotas,
allí en los bordes ondulados,
voy a usar
para el asalto
los besos que pueden
guiar al amor por hondonadas.
Con mis besos,
haré equilibrio en las laderas,
prestaré mi vida al riesgo
de amar,
me mojaré los labios
en esas gotas
brotadas al calor
de mi mano.
Aguardaré luego la mañana.
Soñaré que he vuelto
a vivir por siempre
en tu mitad,
en tu centro,
en tu abismo,
donde no seré hallado
por nada ni por nadie.
Despertaré sin dolor.
Abriré los ojos,
y sin poder sentirme
ni una milésima
humillado
rogaré por más besos.