Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Te saludé,
tropecé, casi a escondidas,
me deje caer
y por primera vez vi tu sonrisa.
Te abracé,
abracé tu sombra mientras salías
de aquella pequeña tienda
donde sigo comprando el pan de cada día.
Y cada día es fiesta
cuando entras con tu 'buenos días',
cada día es fiesta,
cuando no sé si sin querer, pero aún sin querer, me miras.
Y el pan tierno se encoge de celos,
y el panadero, se muere de envidia,
el chocolate se convierte en bombón de sueños
y en mi sueño de ayer apareces al nacer el día.
Y todos los días, me dejó caer
a comprar dos barras de pan, aunque mi dieta me lo prohíba,
te saludo, aunque no estés,
y al mirar atrás, te veo entrar, acompañando a tu sonrisa.
Se me enharina el alma de azul cielo,
el corazón golpea sin parar detrás de mis costillas
y para no ver qué te vas, salgo, salgo yo primero
y te espero para cruzar en el semáforo de la esquina.
Pero hoy llueve,
ni mi cuerpo tiene paraguas ni mis ganas gabardina
para salir a comprar el pan
con una bolsa de papel empapada de lluvia fría.
Me siento a beber mi tercer café,
visto de canciones la radio y de tostadas la hornilla.
Suena el timbre. No sé quién es.
Se me abren las puertas del cielo al mirar por la mirilla.
Se me congelan las manos,
me tiemblan los ojos, el miedo me grita,
como un sordo lo ignoro,
abro la puerta y estás ahí. 'Buenos días',
te traigo dos barras de pan,
un gorro de lana y mi maleta vacía
para que mañana empecemos a llenarla
de todo lo que nos regale vivir juntos el resto de nuestra vida.
tropecé, casi a escondidas,
me deje caer
y por primera vez vi tu sonrisa.
Te abracé,
abracé tu sombra mientras salías
de aquella pequeña tienda
donde sigo comprando el pan de cada día.
Y cada día es fiesta
cuando entras con tu 'buenos días',
cada día es fiesta,
cuando no sé si sin querer, pero aún sin querer, me miras.
Y el pan tierno se encoge de celos,
y el panadero, se muere de envidia,
el chocolate se convierte en bombón de sueños
y en mi sueño de ayer apareces al nacer el día.
Y todos los días, me dejó caer
a comprar dos barras de pan, aunque mi dieta me lo prohíba,
te saludo, aunque no estés,
y al mirar atrás, te veo entrar, acompañando a tu sonrisa.
Se me enharina el alma de azul cielo,
el corazón golpea sin parar detrás de mis costillas
y para no ver qué te vas, salgo, salgo yo primero
y te espero para cruzar en el semáforo de la esquina.
Pero hoy llueve,
ni mi cuerpo tiene paraguas ni mis ganas gabardina
para salir a comprar el pan
con una bolsa de papel empapada de lluvia fría.
Me siento a beber mi tercer café,
visto de canciones la radio y de tostadas la hornilla.
Suena el timbre. No sé quién es.
Se me abren las puertas del cielo al mirar por la mirilla.
Se me congelan las manos,
me tiemblan los ojos, el miedo me grita,
como un sordo lo ignoro,
abro la puerta y estás ahí. 'Buenos días',
te traigo dos barras de pan,
un gorro de lana y mi maleta vacía
para que mañana empecemos a llenarla
de todo lo que nos regale vivir juntos el resto de nuestra vida.