Diego Collazos
Poeta recién llegado
Dos lunas inquisidoras
En estos días ávidos de noche,
en que lágrimas trémulas expiran:
Dos lunas fatigadas, lentas miran,
al desdichado que, sin un reproche,
vehemente abre sus brazos a la noche
y a las lunas de mármol que suspiran.
Espera su sentencia, mientras tiran
de su carne: cada hilo, cada broche.
en que lágrimas trémulas expiran:
Dos lunas fatigadas, lentas miran,
al desdichado que, sin un reproche,
vehemente abre sus brazos a la noche
y a las lunas de mármol que suspiran.
Espera su sentencia, mientras tiran
de su carne: cada hilo, cada broche.
Destruido, pecho abierto, muerte ansía.
Sin rumbo, ni destino, ni salida.
La noche, el cielo, todo es utopía:
¿De qué sirve ir solo por la vida
cuando sólo el dolor es la ambrosía
de esta muerte que en mí, sedienta anida?
Sin rumbo, ni destino, ni salida.
La noche, el cielo, todo es utopía:
¿De qué sirve ir solo por la vida
cuando sólo el dolor es la ambrosía
de esta muerte que en mí, sedienta anida?
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