nocturna85
Poeta recién llegado
Dos veces en la misma piedra por amor
En redacción..
Capítulo I
Eran las 12:50 de la mañana, iba caminando muy apurada, sin fijarme en las caras de la gente, y sin detenerme ni un mi un minuto para pensar más que en correr.
Nunca solía llegar tarde, y justo como por azar de mi destino todo salió mal...
Desperté como siempre, con el estruendoso ruido de mi despertador. Entre dormida, pulso sus botones y quedo un poco más en cama, con ganas de no quitarme las mantas. Al final , entre pereza y aburrimiento, decido ir a la ducha y miro mi cara en el espejo empañado del baño, veo en él mi rostro pálido y desencajado.
Al cabo de una hora, estaba lista para desayunar... Sin apetito como siempre, pero las costumbres que mi madre me inculcó eran difíciles de olvidar, así que siempre había que tomar el bendito desayuno .
Justo salía de casa, cuando el teléfono suena y yo, con rabia y despotricando, contesté la llamada.
¡Dios mío! Esto no me lo esperaba, me acaban de dar una noticia inquietante.
Quedé en una pieza, sorprendida e inquieta, con el alma entrelazada a mis pesadillas y mis glorias.
En un instante todo cambio, todo lo que había encontrado de alivio después de tantos años ya no servía de nada.
Salí por fin de casa, trastornada por la noticia de que ese nefasto día él volvía a aparecer.
Camino deprisa, con la mente trastornada, solo pensaba que llegaría tarde a mi entrevista de trabajo...
Tantas puertas había tocado, hasta que finalmente había encontrado un trabajo bien remunerado, con horarios flexibles y en mi misma ciudad.
Entre por fin en el edificio, mi corazón latía apresurado y yo algo cansada de tanto correr.
No podía dejar de pensar en él, en la noticia de que volvía después de tantos años.
¡Tengo que concentrarme! Exclamé en voz alta y, sin darme cuenta, detrás de mí estaba de pie un hombre muy apuesto, con traje y peinado de moda; él sin más dilatación contestó a mi bendita exclamación y preguntó :
- ¿es usted Eugenia ?... Y al escuchar mi nombre me quedé de una pieza.
- Ha llegado algo tarde señorita, he esperado por usted más de 20 minutos.
Y yo sin saber qué decir, solo se me ocurrió contestarle, con una sonrisa en mi cara:
- ¿se ha dado cuenta usted, qué día tan hermoso hace hoy ?
Pero sin inmutarse ni una pizca, con la misma frialdad del ambiente que se respiraba, me hizo seguir a su oficina.
Pasaron unos minutos y él solo observaba las hojas que en mi informe describían mi experiencia laboral.
De pronto, rompe el silencio con unas palabras que dicen:
- Veo que ha trabajado en muchos sitios pero por cortos periodos, ¿acaso huía de algo?
En ese momento me quedé sin respiración, abrí mis ojos con tal sorpresa, ¿acaso era tan evidente?
Sin pensarlo mucho le mentí, solo mque eran por causas de ecusé diciéndole que era por horarios y demás; y siguieron pasando los minutos tan lentos, tan imperceptibles, parecía que se había detenido el tiempo en esa habitación.
Por fin pude respirar, la entrevista terminó, como siempre con un apretón de manos y diciendo:
- Pronto contactaremos con usted señorita Eugenia .
Salí de allí, como alma que lleva el diablo. Era difícil concentrarme y no podía evitar recordar esa tortuosa llamada.
Decidí ir caminando. Necesitaba pensar. Hacía mucho que no tomaba una cerveza, que no olía una copa de vino, que no degustaba un vermut.
Fijé mi mirada en un cartel mientras caminaba y, sin mas preámbulo, fui hasta allí. Vi al camarero de esa taberna, como si fuera un ángel y un demonio, y con la voz entre cortada le pedí una copa de bourbon.
Qué sensación mas exquisita, deleitaba mis labios gota a gota, su aroma me embriagaba y casi casi que me excitaba.
Terminé mi copa con la tentación de tomar otra, pero no lo hice... Salí de la taberna casi despavorecida por las ganas de beber más...
Llegué a casa de nuevo, casi obligada por mis sentidos, la verdad no quería enfrentar a aquel tortuoso destino.
Lancé al suelo, de mala manera, mi chaqueta, mi bufanda, mi bolso y hasta mis zapatos.
Maldecía entre dientes a ese hombre que de nuevo aparecía en mi vida.
Me tumbé por unos minutos en el sofá, mirando el teléfono, y solo pensaba por qué mi suerte me había abandonado.
Respiré hondo, cogí fuerza y de un brinco llegué al teléfono. Me temblaban las manos, pero aun así marqué su numero.
Repicaba y repicaba hasta que por fin una voz femenina contestó.
Me quedé muda, sin palabras... Al otro lado estaba ella, la maldita mujer que un día me robó el amor.
Respiré profundo y le dije:
- Soy yo, Eugenia.
Ella en silencio quedó por unos segundos y dijo:
- No cuelgues por favor, necesito hablar contigo antes de que venga Jhon.
Sentí frío y angustia, ese nombre que quise olvidar, esas cuatro letras que causaron tanto dolor..
Asentí con desencanto a su proposición antes de que yo reaccionara, sin darme cuenta me traicionó mi subconsciente, que mal rato tenía que pasar...
Ese día sería interminable, quería desaparecer...
Al fin llegó la hora del encuentro, tenía miedo. Sufrí cada minuto que pasaba y que se acercaba la maldita hora.
Sonó el timbre de mi casa, yo no quería abrir, me sentía humillada por mí misma, fui tan tonta por aceptar ver a esa mujer.. Tan tonta fui por acceder a ver su cara, escuchar su visita, qué ganas de arrancarle la piel a tiras. Ay, dios, pensé dentro de mí. Control, control...
Abrí la puerta y estaba allí, de pie, su figura no era la misma, sus ojos habían cambiado, más delgada, más acabada, su pelo pintaba algunas canas y por un momento me alegré: no era la mujer guapa y despampanante que me robó mi amor.
Le dije con la voz baja.
- Sigue pasa y siéntate.
Me di cuenta que ella evitaba mi mirada, agachaba la cabeza y no me decía nada..
Al cabo de un incómodo silencio, ella lo rompió con sus palabras:
-¡Estoy aquí por jhon!
-¿Qué quieres decir, te ha mandado él?, le contesté.
Y ella con lágrimas en los ojos sueltó una frase que me dolió.
- No, te equivocas, él no sabe que estoy aquí; he venido porque Jhon se muere y no soporto verlo sufrir...
Me levanté del sofá y di la espalda a Andrea.
-¿Qué dices Andrea, que mentiras están inventando ustedes par de locos ?
-¡Espera por favor, déjame y te explico lo que ha sucedido!
Continuará...
En redacción..
Capítulo I
Eran las 12:50 de la mañana, iba caminando muy apurada, sin fijarme en las caras de la gente, y sin detenerme ni un mi un minuto para pensar más que en correr.
Nunca solía llegar tarde, y justo como por azar de mi destino todo salió mal...
Desperté como siempre, con el estruendoso ruido de mi despertador. Entre dormida, pulso sus botones y quedo un poco más en cama, con ganas de no quitarme las mantas. Al final , entre pereza y aburrimiento, decido ir a la ducha y miro mi cara en el espejo empañado del baño, veo en él mi rostro pálido y desencajado.
Al cabo de una hora, estaba lista para desayunar... Sin apetito como siempre, pero las costumbres que mi madre me inculcó eran difíciles de olvidar, así que siempre había que tomar el bendito desayuno .
Justo salía de casa, cuando el teléfono suena y yo, con rabia y despotricando, contesté la llamada.
¡Dios mío! Esto no me lo esperaba, me acaban de dar una noticia inquietante.
Quedé en una pieza, sorprendida e inquieta, con el alma entrelazada a mis pesadillas y mis glorias.
En un instante todo cambio, todo lo que había encontrado de alivio después de tantos años ya no servía de nada.
Salí por fin de casa, trastornada por la noticia de que ese nefasto día él volvía a aparecer.
Camino deprisa, con la mente trastornada, solo pensaba que llegaría tarde a mi entrevista de trabajo...
Tantas puertas había tocado, hasta que finalmente había encontrado un trabajo bien remunerado, con horarios flexibles y en mi misma ciudad.
Entre por fin en el edificio, mi corazón latía apresurado y yo algo cansada de tanto correr.
No podía dejar de pensar en él, en la noticia de que volvía después de tantos años.
¡Tengo que concentrarme! Exclamé en voz alta y, sin darme cuenta, detrás de mí estaba de pie un hombre muy apuesto, con traje y peinado de moda; él sin más dilatación contestó a mi bendita exclamación y preguntó :
- ¿es usted Eugenia ?... Y al escuchar mi nombre me quedé de una pieza.
- Ha llegado algo tarde señorita, he esperado por usted más de 20 minutos.
Y yo sin saber qué decir, solo se me ocurrió contestarle, con una sonrisa en mi cara:
- ¿se ha dado cuenta usted, qué día tan hermoso hace hoy ?
Pero sin inmutarse ni una pizca, con la misma frialdad del ambiente que se respiraba, me hizo seguir a su oficina.
Pasaron unos minutos y él solo observaba las hojas que en mi informe describían mi experiencia laboral.
De pronto, rompe el silencio con unas palabras que dicen:
- Veo que ha trabajado en muchos sitios pero por cortos periodos, ¿acaso huía de algo?
En ese momento me quedé sin respiración, abrí mis ojos con tal sorpresa, ¿acaso era tan evidente?
Sin pensarlo mucho le mentí, solo mque eran por causas de ecusé diciéndole que era por horarios y demás; y siguieron pasando los minutos tan lentos, tan imperceptibles, parecía que se había detenido el tiempo en esa habitación.
Por fin pude respirar, la entrevista terminó, como siempre con un apretón de manos y diciendo:
- Pronto contactaremos con usted señorita Eugenia .
Salí de allí, como alma que lleva el diablo. Era difícil concentrarme y no podía evitar recordar esa tortuosa llamada.
Decidí ir caminando. Necesitaba pensar. Hacía mucho que no tomaba una cerveza, que no olía una copa de vino, que no degustaba un vermut.
Fijé mi mirada en un cartel mientras caminaba y, sin mas preámbulo, fui hasta allí. Vi al camarero de esa taberna, como si fuera un ángel y un demonio, y con la voz entre cortada le pedí una copa de bourbon.
Qué sensación mas exquisita, deleitaba mis labios gota a gota, su aroma me embriagaba y casi casi que me excitaba.
Terminé mi copa con la tentación de tomar otra, pero no lo hice... Salí de la taberna casi despavorecida por las ganas de beber más...
Llegué a casa de nuevo, casi obligada por mis sentidos, la verdad no quería enfrentar a aquel tortuoso destino.
Lancé al suelo, de mala manera, mi chaqueta, mi bufanda, mi bolso y hasta mis zapatos.
Maldecía entre dientes a ese hombre que de nuevo aparecía en mi vida.
Me tumbé por unos minutos en el sofá, mirando el teléfono, y solo pensaba por qué mi suerte me había abandonado.
Respiré hondo, cogí fuerza y de un brinco llegué al teléfono. Me temblaban las manos, pero aun así marqué su numero.
Repicaba y repicaba hasta que por fin una voz femenina contestó.
Me quedé muda, sin palabras... Al otro lado estaba ella, la maldita mujer que un día me robó el amor.
Respiré profundo y le dije:
- Soy yo, Eugenia.
Ella en silencio quedó por unos segundos y dijo:
- No cuelgues por favor, necesito hablar contigo antes de que venga Jhon.
Sentí frío y angustia, ese nombre que quise olvidar, esas cuatro letras que causaron tanto dolor..
Asentí con desencanto a su proposición antes de que yo reaccionara, sin darme cuenta me traicionó mi subconsciente, que mal rato tenía que pasar...
Ese día sería interminable, quería desaparecer...
Al fin llegó la hora del encuentro, tenía miedo. Sufrí cada minuto que pasaba y que se acercaba la maldita hora.
Sonó el timbre de mi casa, yo no quería abrir, me sentía humillada por mí misma, fui tan tonta por aceptar ver a esa mujer.. Tan tonta fui por acceder a ver su cara, escuchar su visita, qué ganas de arrancarle la piel a tiras. Ay, dios, pensé dentro de mí. Control, control...
Abrí la puerta y estaba allí, de pie, su figura no era la misma, sus ojos habían cambiado, más delgada, más acabada, su pelo pintaba algunas canas y por un momento me alegré: no era la mujer guapa y despampanante que me robó mi amor.
Le dije con la voz baja.
- Sigue pasa y siéntate.
Me di cuenta que ella evitaba mi mirada, agachaba la cabeza y no me decía nada..
Al cabo de un incómodo silencio, ella lo rompió con sus palabras:
-¡Estoy aquí por jhon!
-¿Qué quieres decir, te ha mandado él?, le contesté.
Y ella con lágrimas en los ojos sueltó una frase que me dolió.
- No, te equivocas, él no sabe que estoy aquí; he venido porque Jhon se muere y no soporto verlo sufrir...
Me levanté del sofá y di la espalda a Andrea.
-¿Qué dices Andrea, que mentiras están inventando ustedes par de locos ?
-¡Espera por favor, déjame y te explico lo que ha sucedido!
Continuará...