Dolores Gracia
Poeta recién llegado
Lo encontré solo una tarde,
clandestino en una esquina.
El rostro seco y marginado,
con ajuar raído y cansado.
De su paso orgulloso,
ya nada se observa.
De inexplicables apetitos,
ya no queda huella.
Quien dijera, tiempo atrás
que este viejo flaco y manso
se jactaba despectivo
de su gusto por la sangre
Pobre él, pobre enemigo,
se lo ha comido un mundo
que ya no cree en vampiros.
clandestino en una esquina.
El rostro seco y marginado,
con ajuar raído y cansado.
De su paso orgulloso,
ya nada se observa.
De inexplicables apetitos,
ya no queda huella.
Quien dijera, tiempo atrás
que este viejo flaco y manso
se jactaba despectivo
de su gusto por la sangre
Pobre él, pobre enemigo,
se lo ha comido un mundo
que ya no cree en vampiros.