Mariposa Azzul
Helexis
Hay un mar que recorre sus venas. Un océano profundo que habita ese cuerpo. Una tempestad que lo allana sin previo aviso. Es como el viento que va, que viene y que no sabe a donde llegar ni cuando azotar nuevamente.
Hay un cosmos de palabras, de sentires, de pensares que sufragan en ese mar que habita dentro. En ese cuerpo desganado. En esas ganas cansadas que sucumben y resurgen, que se asfixian y se oxigenan, que palpitan y se calman. Hay una inmensidad que toma posesión de esa boca, de esa mente, de esas manos. De sí.
Hay agua y hay fuego. Una llama que no tiene apaciguo, un incendio que acalora sus sentidos y sus actos. ¡Es una destrucción! ¡Es un renacer! ¡Es un error y un acierto! Es ambas cosas a la vez. Un dualismo efervescente que muere y que vive constantemente.
Y yo me aviento a tales océanos sin miedo alguno y me dejo allanar por la tempestad de su cuerpo, de esa piel, de esa alma.
Yo me acerco y se fusionan las palabras silenciadas por sus besos.
Y me convierto en hoja que se deja llevar por ese viento que sopla a través de ese cuerpo, de ese aliento tibio bajo el cielo.
Y agotamos las ganas y agotamos los cuerpos. Cuerpos que yacen desnudos bajo el firmamento.
Y es una lucha constante de dos alientos que se entrelazan. Una guerra entre dos almas que se entrecruzan, desesperadas hasta lograr unificarse.
Hay un cosmos de palabras, de sentires, de pensares que sufragan en ese mar que habita dentro. En ese cuerpo desganado. En esas ganas cansadas que sucumben y resurgen, que se asfixian y se oxigenan, que palpitan y se calman. Hay una inmensidad que toma posesión de esa boca, de esa mente, de esas manos. De sí.
Hay agua y hay fuego. Una llama que no tiene apaciguo, un incendio que acalora sus sentidos y sus actos. ¡Es una destrucción! ¡Es un renacer! ¡Es un error y un acierto! Es ambas cosas a la vez. Un dualismo efervescente que muere y que vive constantemente.
Y yo me aviento a tales océanos sin miedo alguno y me dejo allanar por la tempestad de su cuerpo, de esa piel, de esa alma.
Yo me acerco y se fusionan las palabras silenciadas por sus besos.
Y me convierto en hoja que se deja llevar por ese viento que sopla a través de ese cuerpo, de ese aliento tibio bajo el cielo.
Y agotamos las ganas y agotamos los cuerpos. Cuerpos que yacen desnudos bajo el firmamento.
Y es una lucha constante de dos alientos que se entrelazan. Una guerra entre dos almas que se entrecruzan, desesperadas hasta lograr unificarse.