Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Duelen las picaduras de la noche si no estás a mi lado
el latido improductivo del mosquito
que no encuentra tus labios
la rabia contenida de la punta del pico
que vierte, sin respuesta,
su caudal de gritos
y ya nadie le contesta.
Duele el aroma de las flores cuando nadie las huele
cuando ningún insecto calma su sed en ellas
cuando ningún paisaje
armoniza en ellas su silueta.
Duele el torpe amanecer que olvida sus sombras
el hueco sin la mano que le aprieta
el rápido destello de las horas
que mueren sin minutos
sin segundos siquiera.
Duele el tuyo cuando ya no es mío
y el mío cuando calla el tuyo
cuando ya ni mío ni tuyo duele
en el silencio acaso de ninguno.
Duele el ladrón de la palabra impresa
el que cautivas las mantiene sin alimento
el que apenas las prueba
el que se burla de ellas
el que quema las cenizas
que unas manos ofrecieron
como muestras de cariño.
Duele el negro que desconoce el blanco
y el torpe gris que reniega de ellos.
Duelen los sentidos cuando ciegan
cuando en la duda se enredan
unos contra otros
y no vencen
porque nadie vence en esta triste guerra
donde tuyo y mío
nunca fueron nuestro.
el latido improductivo del mosquito
que no encuentra tus labios
la rabia contenida de la punta del pico
que vierte, sin respuesta,
su caudal de gritos
y ya nadie le contesta.
Duele el aroma de las flores cuando nadie las huele
cuando ningún insecto calma su sed en ellas
cuando ningún paisaje
armoniza en ellas su silueta.
Duele el torpe amanecer que olvida sus sombras
el hueco sin la mano que le aprieta
el rápido destello de las horas
que mueren sin minutos
sin segundos siquiera.
Duele el tuyo cuando ya no es mío
y el mío cuando calla el tuyo
cuando ya ni mío ni tuyo duele
en el silencio acaso de ninguno.
Duele el ladrón de la palabra impresa
el que cautivas las mantiene sin alimento
el que apenas las prueba
el que se burla de ellas
el que quema las cenizas
que unas manos ofrecieron
como muestras de cariño.
Duele el negro que desconoce el blanco
y el torpe gris que reniega de ellos.
Duelen los sentidos cuando ciegan
cuando en la duda se enredan
unos contra otros
y no vencen
porque nadie vence en esta triste guerra
donde tuyo y mío
nunca fueron nuestro.