Dueles. Dueles, lo mismo que un camino
que no tiene llegada. Tal vez desde el origen
o desde que la llama fue ceniza
y lo envolvió con su caricia fúnebre.
Caminando descalzo dueles. Busco
edad y encuentro soledades, busco
un aroma pretérito, y encuentro
el fiel hedor del abandono, el paso
solitario en el polvo desmayado
de tiempo y de matices, y la sangre
de una espina clavándose en mis huellas.
Eres tú mi calzado, y ahora duele
la desnudez del tacto en el camino,
el barro que mis lágrimas otorgan
a cada sombra tibia
que espera al transeúnte,
la forma que mis pies, sin compañeros,
tatúan en la carne de la tierra,
viuda o huérfana, sin agua fértil.
La llegada sincera no se aparta
del horizonte, de la voz marítima
que a veces no se ve, pero su acento
femenino se pinta en los ocasos
desde que su lenguaje es tu recuerdo
cuando el cielo desangra la poca luz que tiene
el firmamento añil
señalando el silencio,
el recorrido oscuro de la noche
mutilando los ojos.
Y duele más cuando se calla,
cuando la voz se guarda en la mirada,
y la boca se queda sola
esperando el aliento que no llega.
que no tiene llegada. Tal vez desde el origen
o desde que la llama fue ceniza
y lo envolvió con su caricia fúnebre.
Caminando descalzo dueles. Busco
edad y encuentro soledades, busco
un aroma pretérito, y encuentro
el fiel hedor del abandono, el paso
solitario en el polvo desmayado
de tiempo y de matices, y la sangre
de una espina clavándose en mis huellas.
Eres tú mi calzado, y ahora duele
la desnudez del tacto en el camino,
el barro que mis lágrimas otorgan
a cada sombra tibia
que espera al transeúnte,
la forma que mis pies, sin compañeros,
tatúan en la carne de la tierra,
viuda o huérfana, sin agua fértil.
La llegada sincera no se aparta
del horizonte, de la voz marítima
que a veces no se ve, pero su acento
femenino se pinta en los ocasos
desde que su lenguaje es tu recuerdo
cuando el cielo desangra la poca luz que tiene
el firmamento añil
señalando el silencio,
el recorrido oscuro de la noche
mutilando los ojos.
Y duele más cuando se calla,
cuando la voz se guarda en la mirada,
y la boca se queda sola
esperando el aliento que no llega.