Franco Harris
Poeta recién llegado
Hay en mi pecho un enorme dolor
clavado de años
y es profundo, como el oscuro temor
que ronda al perder lo que más amamos.
Justamente hoy te tenías que morir,
salir de mi, de mis manos
quizá nada te di, errar es de humanos.
Tal vez todo te lo di, hasta el poder para destruir.
Así, mientras me quemo en mi infierno,
tu juras y perjuras el amor eterno
mientras se me encoge el pecho,
te ahogas en la penumbra de lo mal hecho.
Pues ya nada puede salvarnos, el corazón falleció,
ni una palabra, ni una caricia, ni un beso...
ya nada puede devolvernos, esto jamás existió,
ni las promesas, ni los sueños ni siquiera este rezo.
Hay en mi pecho un enorme dolor
es la soledad guardándome rencor
porque le deje sola en su ardor
y olvide que el negro no es un color
Sino la ausencia, la falta del mismo
y por eso duele, porque no hay nada en el abismo.
clavado de años
y es profundo, como el oscuro temor
que ronda al perder lo que más amamos.
Justamente hoy te tenías que morir,
salir de mi, de mis manos
quizá nada te di, errar es de humanos.
Tal vez todo te lo di, hasta el poder para destruir.
Así, mientras me quemo en mi infierno,
tu juras y perjuras el amor eterno
mientras se me encoge el pecho,
te ahogas en la penumbra de lo mal hecho.
Pues ya nada puede salvarnos, el corazón falleció,
ni una palabra, ni una caricia, ni un beso...
ya nada puede devolvernos, esto jamás existió,
ni las promesas, ni los sueños ni siquiera este rezo.
Hay en mi pecho un enorme dolor
es la soledad guardándome rencor
porque le deje sola en su ardor
y olvide que el negro no es un color
Sino la ausencia, la falta del mismo
y por eso duele, porque no hay nada en el abismo.