Byroniana
Poeta fiel al portal
Dueto: Poetakabik y Byroniana
Versos rojo oscuro , Poetakabik, versos negros, Byroniana
El misterio de ese amor
Dime si tus cabellos , con la brisa,
recorren los espacios de mi tiempo,
porque, sin darme cuenta,
me pareció oír su movimiento.
Dime si tus luceros de brillo
alcanzan las estrellas de la luz,
si tu silueta de peregrino
no es altanera en alma y sino.
¿Recorren tus palabras
los ángulos huecos de mi silencio?
Me pareció echarlas esta tarde.
No las eches,
introdúcelas,
con tus labios,
con los míos,
en aquel mar de soledad
del recuerdo insonoro
de tus besos al caminar.
Voy como un peregrino persiguiendo
las náyades amigas de Perseo,
perdido entre lagunas de esperanza,
entre mares de espuma y deseo.
Y ¿Adónde vas, peregrino,
que del amor deliras,
y del amor silencias?
¿No es mi voz la que buscas?
¿No es mi pasión la que esperas?
La Luna que perdí, hoy no la encuentro.
Dime, mujer hermosa ¿está contigo?
Me debato en intentos de hojarasca
vencido entre las alas del viento.
La Luna que tú buscas
está en aquel corazón
que ama sin desear amor.
Yo soy mujer de sueños,
mujer de Lunas perdidas,
como tú, peregrino,
pero en tus andares
de sentimiento,
vuelvo a ver la Luna
de tus secretos.
Voy, posadera mía, en la madrugada
arañando las esquinas de la aurora,
pues la luz cegadora que tenía
a oscuras me dejó sin esperanza.
No te oscurezcas
si la luz no aparece,
si el dolor no se revierte,
no desfallezcas,
pues no hay más Luz que
quieras ver
que la esperanza rechazada
de sentirla en tu alma.
No busco los porqués
de aquel instante,
ni pretendo pedir explicaciones,
solo quiero que escuche las canciones
que llenan la esperanza.
Escucharé las canciones
si de tus versos vienen,
si en los susurros no hieren,
y en tus amores me entretienen.
Busqué los entresijos del ayer
y se fueron marchando tras ella,
cansados de vagar volvieron pronto
convirtiendo su voz en una estrella.
Pues entonces, mi bello amante,
¿no seré yo la que te limpie
los amargos dolores,
las penumbras livianas,
ni los tristezas lozanas?
¿No seré yo tu bella dama?
Desde hoy mi recuerdo dará vida
al misterio que me tiene subyugado,
que no es otro que el amor siempre plasmado
en el fondo de todo lo que tengo.
Versos rojo oscuro , Poetakabik, versos negros, Byroniana
El misterio de ese amor
Dime si tus cabellos , con la brisa,
recorren los espacios de mi tiempo,
porque, sin darme cuenta,
me pareció oír su movimiento.
Dime si tus luceros de brillo
alcanzan las estrellas de la luz,
si tu silueta de peregrino
no es altanera en alma y sino.
¿Recorren tus palabras
los ángulos huecos de mi silencio?
Me pareció echarlas esta tarde.
No las eches,
introdúcelas,
con tus labios,
con los míos,
en aquel mar de soledad
del recuerdo insonoro
de tus besos al caminar.
Voy como un peregrino persiguiendo
las náyades amigas de Perseo,
perdido entre lagunas de esperanza,
entre mares de espuma y deseo.
Y ¿Adónde vas, peregrino,
que del amor deliras,
y del amor silencias?
¿No es mi voz la que buscas?
¿No es mi pasión la que esperas?
La Luna que perdí, hoy no la encuentro.
Dime, mujer hermosa ¿está contigo?
Me debato en intentos de hojarasca
vencido entre las alas del viento.
La Luna que tú buscas
está en aquel corazón
que ama sin desear amor.
Yo soy mujer de sueños,
mujer de Lunas perdidas,
como tú, peregrino,
pero en tus andares
de sentimiento,
vuelvo a ver la Luna
de tus secretos.
Voy, posadera mía, en la madrugada
arañando las esquinas de la aurora,
pues la luz cegadora que tenía
a oscuras me dejó sin esperanza.
No te oscurezcas
si la luz no aparece,
si el dolor no se revierte,
no desfallezcas,
pues no hay más Luz que
quieras ver
que la esperanza rechazada
de sentirla en tu alma.
No busco los porqués
de aquel instante,
ni pretendo pedir explicaciones,
solo quiero que escuche las canciones
que llenan la esperanza.
Escucharé las canciones
si de tus versos vienen,
si en los susurros no hieren,
y en tus amores me entretienen.
Busqué los entresijos del ayer
y se fueron marchando tras ella,
cansados de vagar volvieron pronto
convirtiendo su voz en una estrella.
Pues entonces, mi bello amante,
¿no seré yo la que te limpie
los amargos dolores,
las penumbras livianas,
ni los tristezas lozanas?
¿No seré yo tu bella dama?
Desde hoy mi recuerdo dará vida
al misterio que me tiene subyugado,
que no es otro que el amor siempre plasmado
en el fondo de todo lo que tengo.