JoanUribe
Poeta recién llegado
Cada noche llega a mi la silueta de aquella mujer
de piel fría y blanca como la nieve,
aquella que es tan hermosa como el atardecer,
aquella que siempre se emociona cuando llueve.
Me arroja a un pastal y me susurra una canción
mientras al mismo tiempo me incita a mirar las estrellas
y luego me obliga a tomarla como inspiración
para que escriba románticos versos que solo hablen de ella.
Después, tímidamente se quiere alejar
pero las cadenas de la ilusión no quieren dejarla,
así que al verme sonriente me dice que no va a tardar
Y promete llegar cuando sueñe para que pueda besarla.
Me dispongo entonces pacientemente
a soñar otra vez, a empezar desde cero,
cierro mis ojos lentamente
y mientras me adentro a un mundo distinto, la espero.
Y vuelvo a ver su figura, como siempre imponente
me acaricia, me besa y dice que volverá en la noche
jurándome que en el día las cosas serán muy diferentes
y como ella jamás ha sido mía, no puedo tener algún reproche.
Y así es, parezco irreconocible para ella a la luz del día
pues tan solo me queda admirar el misterio que de ella emana,
y lidiar cada segundo con la dulce ironía
de que en medio de nuestra cercanía siempre la sienta lejana.
de piel fría y blanca como la nieve,
aquella que es tan hermosa como el atardecer,
aquella que siempre se emociona cuando llueve.
Me arroja a un pastal y me susurra una canción
mientras al mismo tiempo me incita a mirar las estrellas
y luego me obliga a tomarla como inspiración
para que escriba románticos versos que solo hablen de ella.
Después, tímidamente se quiere alejar
pero las cadenas de la ilusión no quieren dejarla,
así que al verme sonriente me dice que no va a tardar
Y promete llegar cuando sueñe para que pueda besarla.
Me dispongo entonces pacientemente
a soñar otra vez, a empezar desde cero,
cierro mis ojos lentamente
y mientras me adentro a un mundo distinto, la espero.
Y vuelvo a ver su figura, como siempre imponente
me acaricia, me besa y dice que volverá en la noche
jurándome que en el día las cosas serán muy diferentes
y como ella jamás ha sido mía, no puedo tener algún reproche.
Y así es, parezco irreconocible para ella a la luz del día
pues tan solo me queda admirar el misterio que de ella emana,
y lidiar cada segundo con la dulce ironía
de que en medio de nuestra cercanía siempre la sienta lejana.