Si
Dulce, mi niña,
te quiero.
Corazón grande, que en tus sueños, como en tu muerte, pueda caber siempre el mundo entero.
Que nunca cierres los ojos ante el temblor de las hormigas, ante el miedo de los animales, ante el llanto antiguo de los hombres.
Que puedas llevar el testigo de quienes amaron esta tierra sin poseerla, de quienes la sufrieron sin comprenderla, de quienes preguntaron al cielo y siguieron caminando aunque no llegara respuesta.
Y cuando atravieses la última puerta,
lleva contigo una pregunta:
¿Por qué?
¿Por qué tanta belleza junto a tanto dolor?
¿Por qué la ternura y la crueldad comparten la misma casa?
¿Por qué la lluvia cae sobre los campos y las ruinas, sobre la esperanza y el hambre, sobre los que nacen y sobre los que se despiden?
Pregunta por nosotros.
Pregunta por los niños, por las madres que esperaron, por los viejos que guardaron memoria, por los que murieron solos, por los que no tuvieron nada, por los que amaron este mundo hasta romperse el corazón.
Y si existe un más allá, si alguna conciencia inmensa custodia la historia de los siglos,
que no se olviden.
Que no se olviden de este pequeño planeta azul perdido entre las estrellas.
Que no se olviden de sus mares, de sus bosques, de sus montañas, de sus perros fieles, de sus pájaros, de sus ciudades heridas.
Que no se olviden de las hormigas humanas que caminaron entre guerras, enfermedades, inundaciones y tormentas,
y aun así compartieron pan, cobijo, una canción, una caricia, una esperanza.
Y si algún día encuentras la respuesta,
no la guardes.
Regresa hecha luz.
Porque aquí abajo, en esta tierra tan bella y tan terrible,
seguimos aprendiendo a amar la vida
sin dejar de mirar el dolor.
Dikia©
29/052026
Dulce, mi niña,
te quiero.
Corazón grande, que en tus sueños, como en tu muerte, pueda caber siempre el mundo entero.
Que nunca cierres los ojos ante el temblor de las hormigas, ante el miedo de los animales, ante el llanto antiguo de los hombres.
Que puedas llevar el testigo de quienes amaron esta tierra sin poseerla, de quienes la sufrieron sin comprenderla, de quienes preguntaron al cielo y siguieron caminando aunque no llegara respuesta.
Y cuando atravieses la última puerta,
lleva contigo una pregunta:
¿Por qué?
¿Por qué tanta belleza junto a tanto dolor?
¿Por qué la ternura y la crueldad comparten la misma casa?
¿Por qué la lluvia cae sobre los campos y las ruinas, sobre la esperanza y el hambre, sobre los que nacen y sobre los que se despiden?
Pregunta por nosotros.
Pregunta por los niños, por las madres que esperaron, por los viejos que guardaron memoria, por los que murieron solos, por los que no tuvieron nada, por los que amaron este mundo hasta romperse el corazón.
Y si existe un más allá, si alguna conciencia inmensa custodia la historia de los siglos,
que no se olviden.
Que no se olviden de este pequeño planeta azul perdido entre las estrellas.
Que no se olviden de sus mares, de sus bosques, de sus montañas, de sus perros fieles, de sus pájaros, de sus ciudades heridas.
Que no se olviden de las hormigas humanas que caminaron entre guerras, enfermedades, inundaciones y tormentas,
y aun así compartieron pan, cobijo, una canción, una caricia, una esperanza.
Y si algún día encuentras la respuesta,
no la guardes.
Regresa hecha luz.
Porque aquí abajo, en esta tierra tan bella y tan terrible,
seguimos aprendiendo a amar la vida
sin dejar de mirar el dolor.
Dikia©
29/052026