Leonardo Vinci
Poeta recién llegado
Dulce,
lengua tu lengua dulce
que estalla corcheas y silencios en atriles.
En su cumbre danza el halo del fuego;
cantan,
en lenguas de fuego
sus salamandras
sobre los restos inflamables de mi especie.
Dulce,
entre mis costillas ella asciende dulce
y peregrina mientras me extingo.
Te guío,
entre mis manos lengua te guío
pero ejerces tu capricho,
y en cerdas tensadas rozas la música
en una antigua furia de caballos.
Te entronizas sagrada entonces
en este oficio de mirarte,
en el témpano de mi boca póstuma
y en el anhelo rojo de mi sangre.
Te mezclas así en lo no imaginado,
te atreves en sus caminos
y con ternura te repites,
como un mantra,
como un canon,
como un dibujo de Miró.
Arrastras de un lado al otro de mi territorio
como viento el polen,
y premeditadamente floreces,
siempre lengua floreces.
Y después te meces,
como una niña en las puertas del sueño
te arrebujas y destapas e inquieta aún te meces.
Y te duermes,
como una flor caída en medio de la contienda,
húmeda, extenuada y dulce te duermes,
como un pichón en su nido.
lengua tu lengua dulce
que estalla corcheas y silencios en atriles.
En su cumbre danza el halo del fuego;
cantan,
en lenguas de fuego
sus salamandras
sobre los restos inflamables de mi especie.
Dulce,
entre mis costillas ella asciende dulce
y peregrina mientras me extingo.
Te guío,
entre mis manos lengua te guío
pero ejerces tu capricho,
y en cerdas tensadas rozas la música
en una antigua furia de caballos.
Te entronizas sagrada entonces
en este oficio de mirarte,
en el témpano de mi boca póstuma
y en el anhelo rojo de mi sangre.
Te mezclas así en lo no imaginado,
te atreves en sus caminos
y con ternura te repites,
como un mantra,
como un canon,
como un dibujo de Miró.
Arrastras de un lado al otro de mi territorio
como viento el polen,
y premeditadamente floreces,
siempre lengua floreces.
Y después te meces,
como una niña en las puertas del sueño
te arrebujas y destapas e inquieta aún te meces.
Y te duermes,
como una flor caída en medio de la contienda,
húmeda, extenuada y dulce te duermes,
como un pichón en su nido.