G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
¿Quién enseñó a esas penas,
que saben tanto de sepultura?
¿Qué mano fue la traidora
que dio vida a esta locura?
Poco a poco te entierran
bajo la clara luz de la luna.
Y mira si son traicioneras,
que nunca ves cavar a ninguna.
¿Qué arrastrará la corriente,
que no se lleva lo que más duele?
¿Qué arrastrará, que se deja
lo que más queremos que se lleve?
Llevo un cuenco de barro
todo colmado de soledades,
su peso deja hondo rastro
y en el rastro van mis pesares.
Cargo conmigo un cuenco
en el que entran todos los mares
y en silencio se desborda,
llorando su pena a raudales.
Se apagó el farolito
que alumbraba en su ventana.
Se apagó aquel lucero
que a mi alma enamoraba.
¡Ay, amor, qué noche más negra
y madrugada de amargura!
De mis pasos tan sólo queda
dura tierra, salitre y espuma.
G.S.A.