Azulzurita
Volar soñando..Crear amando
Allí estaba ella, aunque no quisiera, aunque tuviera deseos de levantarse e irse, pero no. Justamente ese era su problema, padecía de ansiedad, por eso allí estaba en la sala de espera, mientras observaba con inquietud a las pacientes, que esperaban también como ella, al reconocido doctor.
Esa señora, la que se encontraba de pie, amagaba por querer caminar, sin llegar a hacerlo en realidad, dando pequeños pasos en el lugar, pasos de marcha que no la llevaban a ninguna dirección, porque permanecía en su lugar, luego se le pasaba y se volvía a sentar, así repetidamente.
Frente a ella sentada en dirección diagonal, sin prestar atención a lo que sucedía a su alrededor, se encontraba una adolescente, con un enorme peluche en sus manos de un color rosa intenso, tanto como la remera, pantalón, zapatillas y funda del celular que traía consigo, todo su atuendo la delataba, hasta le resultaba tragicómico a Elena observarla, en su visible mundo de fantasías, y si no fuera por estos detalles, el hecho de que se comunicaba todo el tiempo escribiendo sin cesar en su celular, cualquiera hubiera dicho que era una adolescente normal como cualquier otra, en proceso de crisis y construcción de su identidad, y tal vez lo era, pero evidentemente había alguna cuestión mas profunda, la cuál desconocía e intrigaba a Elena .
Allí se encontraba preguntándose, que tan rara se vería ella, ya que podía detectar y observar en otros pacientes aquello que los hacía ver diferentes del resto que se consideraban "normales".
Mientras se hacía estas preguntas, su mente se alejaba poco a poco de la ansiedad, había volcado su atención en aquellos paciente, y se distrajo por un momento, cuando sin darse cuenta fue llamada por su nombre y apellido.
Al entrar al consultorio, había una silla lejos del escritorio y el doctor invitó a Elena a sentarse en ella con una señal de bien venida y amplia sonrisa exclamando
- ¡Pase!.
Sin embargo Elena no se sentó allí, se sentó en la silla que se encontraba cerca del escritorio del doctor.
-¿Que quería probar este?, se preguntó Elena.¿Que tan loca estaba?¿Que tan voluble?
¿Que tan manipulable?
Elena era lo suficientemente inteligente como para hacer caso omiso de esa actitud.
Pensó. No todos los que toman por indicación médica psicofármacos, están locos o son inadaptados.
Sin embargo el psiquiatra continuó.
Observando a Elena como animal de otra especie al cuál se examina y se le desconfía. Preguntó a ésta:
-¿Cuál es tu problema?
Luego de explicar de forma concisa, Elena dijo vengo por la receta médica.
Pero el profesional no se conformó y siguió preguntando...
-¿Intentaste lastimarte alguna vez?¿ o a otros?
Esperando que conteste que ella era afirmativamente una especie de psicópata encubierta o algo por el estilo, y aunque tuviera en el fondo de su corazón deseos de insultarlo, contestó simplemente,
-No nunca.
A lo que ante la respuesta, las preguntas pasaron a un segundo nivel.
-¿Tienes proyectos en tu vida?- preguntó el doctor
Elena no contestó, cambió de tema, y recién ahí llevó la conversación hacia donde ella deseaba, siempre había tomado las riendas de su vida a pesar de los obstáculos, y esta persona no le iba a hacer dudar ni un segundo de si misma o de sus capacidades, sólo la había tomado desprevenida.
Elena fue cortés, inteligente e intuitiva, salió de la consulta más segura de sí misma,
Se dio cuenta que la ignorancia y estupidez, se puede encontrar a la vuelta de la esquina- pensó-, que hay gente que no va a aprender nunca a controlar sus sesgos, y que aunque toquen situaciones en las que tenga que enfrentarse con ese tipo de personas, ella es lo suficientemente sabia, como para manejar la situación con la prudencia y entereza necesarias.
Y si, tenía que volver. Porque había peores allá fuera, esos que miraban sus muñecas, cada vez que contaba su historia.
Volvería por la receta...
Esa señora, la que se encontraba de pie, amagaba por querer caminar, sin llegar a hacerlo en realidad, dando pequeños pasos en el lugar, pasos de marcha que no la llevaban a ninguna dirección, porque permanecía en su lugar, luego se le pasaba y se volvía a sentar, así repetidamente.
Frente a ella sentada en dirección diagonal, sin prestar atención a lo que sucedía a su alrededor, se encontraba una adolescente, con un enorme peluche en sus manos de un color rosa intenso, tanto como la remera, pantalón, zapatillas y funda del celular que traía consigo, todo su atuendo la delataba, hasta le resultaba tragicómico a Elena observarla, en su visible mundo de fantasías, y si no fuera por estos detalles, el hecho de que se comunicaba todo el tiempo escribiendo sin cesar en su celular, cualquiera hubiera dicho que era una adolescente normal como cualquier otra, en proceso de crisis y construcción de su identidad, y tal vez lo era, pero evidentemente había alguna cuestión mas profunda, la cuál desconocía e intrigaba a Elena .
Allí se encontraba preguntándose, que tan rara se vería ella, ya que podía detectar y observar en otros pacientes aquello que los hacía ver diferentes del resto que se consideraban "normales".
Mientras se hacía estas preguntas, su mente se alejaba poco a poco de la ansiedad, había volcado su atención en aquellos paciente, y se distrajo por un momento, cuando sin darse cuenta fue llamada por su nombre y apellido.
Al entrar al consultorio, había una silla lejos del escritorio y el doctor invitó a Elena a sentarse en ella con una señal de bien venida y amplia sonrisa exclamando
- ¡Pase!.
Sin embargo Elena no se sentó allí, se sentó en la silla que se encontraba cerca del escritorio del doctor.
-¿Que quería probar este?, se preguntó Elena.¿Que tan loca estaba?¿Que tan voluble?
¿Que tan manipulable?
Elena era lo suficientemente inteligente como para hacer caso omiso de esa actitud.
Pensó. No todos los que toman por indicación médica psicofármacos, están locos o son inadaptados.
Sin embargo el psiquiatra continuó.
Observando a Elena como animal de otra especie al cuál se examina y se le desconfía. Preguntó a ésta:
-¿Cuál es tu problema?
Luego de explicar de forma concisa, Elena dijo vengo por la receta médica.
Pero el profesional no se conformó y siguió preguntando...
-¿Intentaste lastimarte alguna vez?¿ o a otros?
Esperando que conteste que ella era afirmativamente una especie de psicópata encubierta o algo por el estilo, y aunque tuviera en el fondo de su corazón deseos de insultarlo, contestó simplemente,
-No nunca.
A lo que ante la respuesta, las preguntas pasaron a un segundo nivel.
-¿Tienes proyectos en tu vida?- preguntó el doctor
Elena no contestó, cambió de tema, y recién ahí llevó la conversación hacia donde ella deseaba, siempre había tomado las riendas de su vida a pesar de los obstáculos, y esta persona no le iba a hacer dudar ni un segundo de si misma o de sus capacidades, sólo la había tomado desprevenida.
Elena fue cortés, inteligente e intuitiva, salió de la consulta más segura de sí misma,
Se dio cuenta que la ignorancia y estupidez, se puede encontrar a la vuelta de la esquina- pensó-, que hay gente que no va a aprender nunca a controlar sus sesgos, y que aunque toquen situaciones en las que tenga que enfrentarse con ese tipo de personas, ella es lo suficientemente sabia, como para manejar la situación con la prudencia y entereza necesarias.
Y si, tenía que volver. Porque había peores allá fuera, esos que miraban sus muñecas, cada vez que contaba su historia.
Volvería por la receta...
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