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Echo de menos el brasero

AnonimamenteYo

Poeta adicto al portal
Echo de menos el brasero en invierno,
un sol apagado en la memoria de mi infancia,
el olor a zapatilla chamuscada,
el rostro serio de mi madre enojada.
Jugar en la acera con los amigos.
llamarnos con apodos heredados,
porque los nombres nunca lo aprendimos.
Volver a casa con alguna herida,
la risa encajada en los bolsillos
o con la ropa pintada de barro.
Echo de menos mis botas de agua,
salir al recreo, saltar por los charcos.
Cantar: ¡Qué llueva, que llueva¡
volver a casa, cuando grita la sirena.
Perseguir bichos por el campo.
o sentarme al borde de la era
en el trono de un reino imaginario.
En las tardes de verano,
salir corriendo y sin rumbo
decir adónde ibas, no era necesario.
Sabías que ya no eran horas de explorar el mundo
cuando escuchabas la voz de tu madre
volar por encima del campanario.
Jugar con piedras y palos,
poderosos artilugios entre las manos
para afrontar aventuras
que solo en la mente teníamos.
Ser valientes guerreros,
inmortales en cada batalla,
o despiadados piratas
viviendo grandes hazañas.
Pero el desafío más grande,
al que podíamos enfrentarnos,
de esos que solo los héroes vuelven,
era desafiar y pisar el suelo mojado
al monstruo del castillo encantado.
Estos recuerdos no duermen
bajo llaves ni candado.
Reposan en mi cofre dorado
como un tesoro de amor callado
que siempre en vida
mis padres me otorgaron.
 
Echo de menos el brasero en invierno,
un sol apagado en la memoria de mi infancia,
el olor a zapatilla chamuscada,
el rostro serio de mi madre enojada.
Jugar en la acera con los amigos.
llamarnos con apodos heredados,
porque los nombres nunca lo aprendimos.
Volver a casa con alguna herida,
la risa encajada en los bolsillos
o con la ropa pintada de barro.
Echo de menos mis botas de agua,
salir al recreo, saltar por los charcos.
Cantar: ¡Qué llueva, que llueva¡
volver a casa, cuando grita la sirena.
Perseguir bichos por el campo.
o sentarme al borde de la era
en el trono de un reino imaginario.
En las tardes de verano,
salir corriendo y sin rumbo
decir adónde ibas, no era necesario.
Sabías que ya no eran horas de explorar el mundo
cuando escuchabas la voz de tu madre
volar por encima del campanario.
Jugar con piedras y palos,
poderosos artilugios entre las manos
para afrontar aventuras
que solo en la mente teníamos.
Ser valientes guerreros,
inmortales en cada batalla,
o despiadados piratas
viviendo grandes hazañas.
Pero el desafío más grande,
al que podíamos enfrentarnos,
de esos que solo los héroes vuelven,
era desafiar y pisar el suelo mojado
al monstruo del castillo encantado.
Estos recuerdos no duermen
bajo llaves ni candado.
Reposan en mi cofre dorado
como un tesoro de amor callado
que siempre en vida
mis padres me otorgaron.
Dulces recuerdos.
A veces de ellos sacamos fuerzas, para adquirir glorias nuevas.

Saludos
 
Echo de menos el brasero en invierno,
un sol apagado en la memoria de mi infancia,
el olor a zapatilla chamuscada,
el rostro serio de mi madre enojada.
Jugar en la acera con los amigos.
llamarnos con apodos heredados,
porque los nombres nunca lo aprendimos.
Volver a casa con alguna herida,
la risa encajada en los bolsillos
o con la ropa pintada de barro.
Echo de menos mis botas de agua,
salir al recreo, saltar por los charcos.
Cantar: ¡Qué llueva, que llueva¡
volver a casa, cuando grita la sirena.
Perseguir bichos por el campo.
o sentarme al borde de la era
en el trono de un reino imaginario.
En las tardes de verano,
salir corriendo y sin rumbo
decir adónde ibas, no era necesario.
Sabías que ya no eran horas de explorar el mundo
cuando escuchabas la voz de tu madre
volar por encima del campanario.
Jugar con piedras y palos,
poderosos artilugios entre las manos
para afrontar aventuras
que solo en la mente teníamos.
Ser valientes guerreros,
inmortales en cada batalla,
o despiadados piratas
viviendo grandes hazañas.
Pero el desafío más grande,
al que podíamos enfrentarnos,
de esos que solo los héroes vuelven,
era desafiar y pisar el suelo mojado
al monstruo del castillo encantado.
Estos recuerdos no duermen
bajo llaves ni candado.
Reposan en mi cofre dorado
como un tesoro de amor callado
que siempre en vida
mis padres me otorgaron.
Infancia feliz, que fortuna. Un gusto leerte.
 
Echo de menos el brasero en invierno,
un sol apagado en la memoria de mi infancia,
el olor a zapatilla chamuscada,
el rostro serio de mi madre enojada.
Jugar en la acera con los amigos.
llamarnos con apodos heredados,
porque los nombres nunca lo aprendimos.
Volver a casa con alguna herida,
la risa encajada en los bolsillos
o con la ropa pintada de barro.
Echo de menos mis botas de agua,
salir al recreo, saltar por los charcos.
Cantar: ¡Qué llueva, que llueva¡
volver a casa, cuando grita la sirena.
Perseguir bichos por el campo.
o sentarme al borde de la era
en el trono de un reino imaginario.
En las tardes de verano,
salir corriendo y sin rumbo
decir adónde ibas, no era necesario.
Sabías que ya no eran horas de explorar el mundo
cuando escuchabas la voz de tu madre
volar por encima del campanario.
Jugar con piedras y palos,
poderosos artilugios entre las manos
para afrontar aventuras
que solo en la mente teníamos.
Ser valientes guerreros,
inmortales en cada batalla,
o despiadados piratas
viviendo grandes hazañas.
Pero el desafío más grande,
al que podíamos enfrentarnos,
de esos que solo los héroes vuelven,
era desafiar y pisar el suelo mojado
al monstruo del castillo encantado.
Estos recuerdos no duermen
bajo llaves ni candado.
Reposan en mi cofre dorado
como un tesoro de amor callado
que siempre en vida
mis padres me otorgaron.

Genial,un gusto leerte.
 
Echo de menos el brasero en invierno,
un sol apagado en la memoria de mi infancia,
el olor a zapatilla chamuscada,
el rostro serio de mi madre enojada.
Jugar en la acera con los amigos.
llamarnos con apodos heredados,
porque los nombres nunca lo aprendimos.
Volver a casa con alguna herida,
la risa encajada en los bolsillos
o con la ropa pintada de barro.
Echo de menos mis botas de agua,
salir al recreo, saltar por los charcos.
Cantar: ¡Qué llueva, que llueva¡
volver a casa, cuando grita la sirena.
Perseguir bichos por el campo.
o sentarme al borde de la era
en el trono de un reino imaginario.
En las tardes de verano,
salir corriendo y sin rumbo
decir adónde ibas, no era necesario.
Sabías que ya no eran horas de explorar el mundo
cuando escuchabas la voz de tu madre
volar por encima del campanario.
Jugar con piedras y palos,
poderosos artilugios entre las manos
para afrontar aventuras
que solo en la mente teníamos.
Ser valientes guerreros,
inmortales en cada batalla,
o despiadados piratas
viviendo grandes hazañas.
Pero el desafío más grande,
al que podíamos enfrentarnos,
de esos que solo los héroes vuelven,
era desafiar y pisar el suelo mojado
al monstruo del castillo encantado.
Estos recuerdos no duermen
bajo llaves ni candado.
Reposan en mi cofre dorado
como un tesoro de amor callado
que siempre en vida
mis padres me otorgaron.

Que recuerdos más entrañables poeta. Creo que los que ya tenemos una edad, tenemos grabados esis momentos que marcaron nuestra infancia. Una etapa de nuestras vidas que marcaron nuestras vidas y nos llevaron a ser como somos hoy en día.
Me han encantado tus letras poeta y me han transportado a esos tiempos en los que teniamos prisa por hacernos adultos en un mundo en el que había otros valores diferentes a los de hoy en dia.
Siempre un fuerte abrazo desde los poéticos cielos de este halcon.

 
Que recuerdos más entrañables poeta. Creo que los que ya tenemos una edad, tenemos grabados esis momentos que marcaron nuestra infancia. Una etapa de nuestras vidas que marcaron nuestras vidas y nos llevaron a ser como somos hoy en día.
Me han encantado tus letras poeta y me han transportado a esos tiempos en los que teniamos prisa por hacernos adultos en un mundo en el que había otros valores diferentes a los de hoy en dia.
Siempre un fuerte abrazo desde los poéticos cielos de este halcon.
así es, lo malo de hacerse ya con una edad es que el mundo es más y más grande y complejo:cool:...lo importante es poder recordarlos :)
gracias por tu visita y comentario, siempre agradecido
Un abrazo :)
 
Echo de menos el brasero en invierno,
un sol apagado en la memoria de mi infancia,
el olor a zapatilla chamuscada,
el rostro serio de mi madre enojada.
Jugar en la acera con los amigos.
llamarnos con apodos heredados,
porque los nombres nunca lo aprendimos.
Volver a casa con alguna herida,
la risa encajada en los bolsillos
o con la ropa pintada de barro.
Echo de menos mis botas de agua,
salir al recreo, saltar por los charcos.
Cantar: ¡Qué llueva, que llueva¡
volver a casa, cuando grita la sirena.
Perseguir bichos por el campo.
o sentarme al borde de la era
en el trono de un reino imaginario.
En las tardes de verano,
salir corriendo y sin rumbo
decir adónde ibas, no era necesario.
Sabías que ya no eran horas de explorar el mundo
cuando escuchabas la voz de tu madre
volar por encima del campanario.
Jugar con piedras y palos,
poderosos artilugios entre las manos
para afrontar aventuras
que solo en la mente teníamos.
Ser valientes guerreros,
inmortales en cada batalla,
o despiadados piratas
viviendo grandes hazañas.
Pero el desafío más grande,
al que podíamos enfrentarnos,
de esos que solo los héroes vuelven,
era desafiar y pisar el suelo mojado
al monstruo del castillo encantado.
Estos recuerdos no duermen
bajo llaves ni candado.
Reposan en mi cofre dorado
como un tesoro de amor callado
que siempre en vida
mis padres me otorgaron.
Retomar el pasado de inquietudes y juegos y casi cosas "0torgados" y guiados por hipercinesias, es en verdad algo hermoso y casi milagroso, después seremos otros; pero esencialmente seguiremos siendo en nuevas vicisitudes...que nos cambiaran constantemente y un día llegaremos a comprender la saturación de las vivencias múltiples, a la evaluación del presente, vinculado a la fugacidad, y a la ausencia (sobre manera a la fantasía) y al recuerdo vinculante que mencionas... Un poema trascendente según se perfila a mi modo de ver. Saludo amable de Julius.
 
Genial,un gusto leerte.
el gusto es mío por tu visita y comentario :)
Un abrazo:)
Retomar el pasado de inquietudes y juegos y casi cosas "0torgados" y guiados por hipercinesias, es en verdad algo hermoso y casi milagroso, después seremos otros; pero esencialmente seguiremos siendo en nuevas vicisitudes...que nos cambiaran constantemente y un día llegaremos a comprender la saturación de las vivencias múltiples, a la evaluación del presente, vinculado a la fugacidad, y a la ausencia (sobre manera a la fantasía) y al recuerdo vinculante que mencionas... Un poema trascendente según se perfila a mi modo de ver. Saludo amable de Julius.
Así es como dices :)
agradecido como siempre por tu paso y sabias palabas
Un cordia abrazo:);)
 
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