jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
cada vida tiene su último minuto
que a veces resulta ser el mismo que el primero
aunque por lo regular siempre hay otros en el medio
esa zona indeterminada de tiempo donde ocurre la vida
donde ocurren las cosas que lo van llevando a uno
-a veces a rastras, a veces sin sentirlo-
al encuentro con el último minuto
ese último espacio de posibilidades tal vez infinitas
esos últimos segundos donde la sangre aún corre por las venas
donde aún podemos pensar qué haremos el resto de nuestra vida
-si seguir encadenados a la vieja rutina
o marcharnos de pronto a recorrer el mundo-
un último minuto pasmosamente igual a todos los anteriores
el grifo del fregadero en la cocina gotea igual que siempre
el perro del vecino lanza sus acostumbrados ladridos
un claxon suena en alguna parte
la mañana promete ser tan aburrida como lo fueron
tantas otras miles de mañanas ya transcurridas
levantas la taza de café y te la llevas a la boca
tu mujer merodea en el pasillo frente al baño
sus figura cruza de vez en cuando por tu campo de visión
"cada día se pone más gorda
y el puto café le queda cada vez más desabrido"
el último minuto va por la mitad
en la tele dicen que el precio del petróleo está cayendo
que los chinos llegarán a marte en el 2015
planean empezar a construir casas en aquel planeta
hoteles y un parque de diversiones tipo disneylandia
te quedan quince segundos de vida pero no lo sabes
tu mente empieza a fraguar una espléndida fantasía
te imaginas empezando una vida desde cero en marte
con una guapa y esbelta esposa china
silenciosa y discreta y experta en erotismo
-¿cuántas posturas podrían practicarse con gravedad cero?-
los últimos segundos transcurrieron ya
una cortina roja te nubló de pronto la vista
habrá reventado un coágulo de sangre en tu cerebro
el universo entero se convierte entonces en una burbuja roja
una fugaz idea te acompaña al irte de este mundo
"parece que conseguí llegar a marte antes que esos putos chinos"