Es curioso, es asunto de un momento.
Asiste al cuerpo el halo que rodea
con su carga emotiva, su portento,
el cúmulo de estrellas que marea.
Tenemos reservado nuestro asiento
como fuente de luz o quien bloquea
el gusto natural sin condimento
de gran acierto o de peor idea.
Somos un paso que borró su cebra,
una punta de acero que se clava
o el ojo de la aguja que se enhebra.
Apenas rebasamos una octava
del tono que desprecia o que celebra
con los vinos de ríos hechos lava.