León_es
...no soy poeta, solo escribo...
Cruzo el arco de la nostalgia,
donde el tiempo se ha vuelto rancio,
en cada esquina de mi León de infancia,
el aire pesa, más no hay cansancio.
Ya no hay llanto en el gris del cielo,
León ya no llora lluvia, lo sé bien,
quizás porque hasta las nubes se han secado,
viendo que el barro no florece por quién.
Se han cansado de regar un suelo
que ya no aguanta promesas ni cruzadas,
un suelo que ya no espera consuelo,
solo el milagro de unas miradas.
Busco en el Húmedo el ruido de antaño,
pero el brindis suena a vidrio quebrado,
la piedra es la misma, el frío es de ogaño,
pero el pulso parece haberse marchado.
No es que falte el roce del hombro ajeno,
ni el paso apresurado de algún caminante,
la soledad de sus calles no es falta de lleno,
es algo más hondo, más punzante.
Es el vacío de la mano que ya no resuelve,
del sueño que se durmió en el reposo,
es la falta de propósito que nos envuelve,
como un manto de olvido, lento y silencioso.
Añoro el León que rugía de vida,
no este museo de sombras y viento,
donde el destino se escribe, se olvida,
y el caminar se vuelve lamento.
Pero sigo aquí, recorriendo sus venas,
mirando sus muros con terca esperanza,
porque aunque León ya no llore las penas,
mi paso aún guarda su antigua alianza.
donde el tiempo se ha vuelto rancio,
en cada esquina de mi León de infancia,
el aire pesa, más no hay cansancio.
Ya no hay llanto en el gris del cielo,
León ya no llora lluvia, lo sé bien,
quizás porque hasta las nubes se han secado,
viendo que el barro no florece por quién.
Se han cansado de regar un suelo
que ya no aguanta promesas ni cruzadas,
un suelo que ya no espera consuelo,
solo el milagro de unas miradas.
Busco en el Húmedo el ruido de antaño,
pero el brindis suena a vidrio quebrado,
la piedra es la misma, el frío es de ogaño,
pero el pulso parece haberse marchado.
No es que falte el roce del hombro ajeno,
ni el paso apresurado de algún caminante,
la soledad de sus calles no es falta de lleno,
es algo más hondo, más punzante.
Es el vacío de la mano que ya no resuelve,
del sueño que se durmió en el reposo,
es la falta de propósito que nos envuelve,
como un manto de olvido, lento y silencioso.
Añoro el León que rugía de vida,
no este museo de sombras y viento,
donde el destino se escribe, se olvida,
y el caminar se vuelve lamento.
Pero sigo aquí, recorriendo sus venas,
mirando sus muros con terca esperanza,
porque aunque León ya no llore las penas,
mi paso aún guarda su antigua alianza.