yeso sanmartin
Poeta recién llegado
Verdades heladas que encienden tormentas,
dolor que en la carne y en el alma se asienta.
Son frías, certeras, implacables y claras,
puñales de hielo, verdades amargas.
Llegan sin tregua, imprevistas, inciertas,
te quitan el aire, abren viejas puertas.
Te arrastran desnudo, indefenso y sin calma,
y en la oscuridad desgarran el alma.
Comprendo entonces, en mi agonía,
que fui solo un sueño, fe y fantasía.
El madero que aferraba con dicha,
era un eco vacío, una causa perdida.
Ella deseaba rehacerme a su modo,
yo, solo quería entregarle mi todo.
Quería adaptarme, ser lo que soñaba,
y ella deseaba al hombre que formaba.
Nos perdimos los dos en esa ironía,
yo por amarla, y ella, por su utopía.
Lo que creímos valioso y sincero,
fue solo un reflejo, sin suelo y sin peso.
Hoy veo la verdad que siempre negaba,
perdí a quien soñé, a quien me esperaba.
Ella también perdió aquel que anhelaba,
que por ella tembló, que por ella se daba.
dolor que en la carne y en el alma se asienta.
Son frías, certeras, implacables y claras,
puñales de hielo, verdades amargas.
Llegan sin tregua, imprevistas, inciertas,
te quitan el aire, abren viejas puertas.
Te arrastran desnudo, indefenso y sin calma,
y en la oscuridad desgarran el alma.
Comprendo entonces, en mi agonía,
que fui solo un sueño, fe y fantasía.
El madero que aferraba con dicha,
era un eco vacío, una causa perdida.
Ella deseaba rehacerme a su modo,
yo, solo quería entregarle mi todo.
Quería adaptarme, ser lo que soñaba,
y ella deseaba al hombre que formaba.
Nos perdimos los dos en esa ironía,
yo por amarla, y ella, por su utopía.
Lo que creímos valioso y sincero,
fue solo un reflejo, sin suelo y sin peso.
Hoy veo la verdad que siempre negaba,
perdí a quien soñé, a quien me esperaba.
Ella también perdió aquel que anhelaba,
que por ella tembló, que por ella se daba.