Ecos del deseo imberbe

penabad57

Poeta veterano en el portal
Abres las alas buscando un nido.

Tu paisaje lo he pisado con mis orillas tristes.
¿Edad? la inmadurez de los dieciocho
en la luz del eterno mediodía,
el corazón salvaje del infinito horizonte
a nuestros pies.

Comprobé que el futuro exigía un entreacto,
quizá de raíles lejanos, quizá de místicas fachadas
en una piedra intacta,
lúbrica
como el roce de la piel en capiteles húmedos.

Así asoma la circuncisión del deseo,
un escenario, una prontitud, el frenesí de un símbolo
donde encender las ascuas vencidas del ardor
sin el aroma del yugo que pronuncia la palabra del padre
que sueña para ti un oasis núbil.

Llueve en la humedad,
borbotones de agua suben por tus calcetines de lana,
mi paraguas es un labio que se aproxima
a la sombra equinoccial que te protege del miedo.

Ya somos ciudad, un tren que convida,
un mar compartido, plazas de alquitrán
sin palomas ni estatuas ciegas
y la calle y el portal y los pasos entre las hojas caídas,
la voz de la premura que habitó la inquietud de los cuerpos
hasta el confín de otra voz difuminada por la verdad inhóspita.

No hay perdón
porque los horarios de la adolescencia son horarios perdidos,
solo tu sombra detrás del visillo,
solo verte dibujar en un pómulo la sonrisa del aire,
solo la nube que oculta una luz en tu rostro
me bastan para vivir eternamente
en la memoria de ti.
 
Última edición:
Abres las alas buscando un nido.

Tu paisaje lo he pisado con mis orillas tristes.
¿Edad? la inmadurez de los dieciocho
en la luz del eterno mediodía,
el corazón salvaje del infinito horizonte
a nuestros pies.

Comprobé que el futuro exigía un entreacto,
quizá de raíles lejanos, quizá de místicas fachadas
en una piedra intacta,
lúbrica
como el roce de la piel en capiteles húmedos.

Así asoma la circuncisión del deseo,
un escenario, una prontitud, el frenesí de un símbolo
donde encender las ascuas vencidas del ardor
sin el aroma del yugo que pronuncia la palabra del padre
que sueña para ti un oasis núbil.

Llueve en la humedad,
borbotones de agua suben por tus calcetines de lana,
mi paraguas es un labio que se aproxima
a la sombra equinoccial que te protege del miedo.

Ya somos ciudad, un tren que convida,
un mar compartido, plazas de alquitrán
sin palomas ni estatuas ciegas
y la calle y el portal y los pasos entre las hojas caídas,
la voz de la premura que habitó la inquietud de los cuerpos
hasta el confín de otra voz difuminada por la verdad inhóspita.

No hay perdón
porque los horarios de la adolescencia son horarios perdidos,
solo tu sombra detrás del visillo,
solo verte dibujar en un pómulo la sonrisa del aire,
solo la nube que oculta una luz en tu rostro
me bastan para vivir eternamente
en la memoria de ti.

Hermosa composición nos ofreces, importa sentir. Saludos.
 
Abres las alas buscando un nido.

Tu paisaje lo he pisado con mis orillas tristes.
¿Edad? la inmadurez de los dieciocho
en la luz del eterno mediodía,
el corazón salvaje del infinito horizonte
a nuestros pies.

Comprobé que el futuro exigía un entreacto,
quizá de raíles lejanos, quizá de místicas fachadas
en una piedra intacta,
lúbrica
como el roce de la piel en capiteles húmedos.

Así asoma la circuncisión del deseo,
un escenario, una prontitud, el frenesí de un símbolo
donde encender las ascuas vencidas del ardor
sin el aroma del yugo que pronuncia la palabra del padre
que sueña para ti un oasis núbil.

Llueve en la humedad,
borbotones de agua suben por tus calcetines de lana,
mi paraguas es un labio que se aproxima
a la sombra equinoccial que te protege del miedo.

Ya somos ciudad, un tren que convida,
un mar compartido, plazas de alquitrán
sin palomas ni estatuas ciegas
y la calle y el portal y los pasos entre las hojas caídas,
la voz de la premura que habitó la inquietud de los cuerpos
hasta el confín de otra voz difuminada por la verdad inhóspita.

No hay perdón
porque los horarios de la adolescencia son horarios perdidos,
solo tu sombra detrás del visillo,
solo verte dibujar en un pómulo la sonrisa del aire,
solo la nube que oculta una luz en tu rostro
me bastan para vivir eternamente
en la memoria de ti.


Esplendida inspiración penabad, esos recorridos son sustanciosos para el alma que ha sabido degustar el amor dejando huella poética.
Mis saludos para ti, gusto posarme en tus letras.
 
Abres las alas buscando un nido.

Tu paisaje lo he pisado con mis orillas tristes.
¿Edad? la inmadurez de los dieciocho
en la luz del eterno mediodía,
el corazón salvaje del infinito horizonte
a nuestros pies.

Comprobé que el futuro exigía un entreacto,
quizá de raíles lejanos, quizá de místicas fachadas
en una piedra intacta,
lúbrica
como el roce de la piel en capiteles húmedos.

Así asoma la circuncisión del deseo,
un escenario, una prontitud, el frenesí de un símbolo
donde encender las ascuas vencidas del ardor
sin el aroma del yugo que pronuncia la palabra del padre
que sueña para ti un oasis núbil.

Llueve en la humedad,
borbotones de agua suben por tus calcetines de lana,
mi paraguas es un labio que se aproxima
a la sombra equinoccial que te protege del miedo.

Ya somos ciudad, un tren que convida,
un mar compartido, plazas de alquitrán
sin palomas ni estatuas ciegas
y la calle y el portal y los pasos entre las hojas caídas,
la voz de la premura que habitó la inquietud de los cuerpos
hasta el confín de otra voz difuminada por la verdad inhóspita.

No hay perdón
porque los horarios de la adolescencia son horarios perdidos,
solo tu sombra detrás del visillo,
solo verte dibujar en un pómulo la sonrisa del aire,
solo la nube que oculta una luz en tu rostro
me bastan para vivir eternamente
en la memoria de ti.
Recuerdos que inspiran maravillosos versos hacen que estos brillen tras las imágenes bajo un cielo de nostalgia enamorada, magnífico poema, saludos Alex
 
Abres las alas buscando un nido.

Tu paisaje lo he pisado con mis orillas tristes.
¿Edad? la inmadurez de los dieciocho
en la luz del eterno mediodía,
el corazón salvaje del infinito horizonte
a nuestros pies.

Comprobé que el futuro exigía un entreacto,
quizá de raíles lejanos, quizá de místicas fachadas
en una piedra intacta,
lúbrica
como el roce de la piel en capiteles húmedos.

Así asoma la circuncisión del deseo,
un escenario, una prontitud, el frenesí de un símbolo
donde encender las ascuas vencidas del ardor
sin el aroma del yugo que pronuncia la palabra del padre
que sueña para ti un oasis núbil.

Llueve en la humedad,
borbotones de agua suben por tus calcetines de lana,
mi paraguas es un labio que se aproxima
a la sombra equinoccial que te protege del miedo.

Ya somos ciudad, un tren que convida,
un mar compartido, plazas de alquitrán
sin palomas ni estatuas ciegas
y la calle y el portal y los pasos entre las hojas caídas,
la voz de la premura que habitó la inquietud de los cuerpos
hasta el confín de otra voz difuminada por la verdad inhóspita.

No hay perdón
porque los horarios de la adolescencia son horarios perdidos,
solo tu sombra detrás del visillo,
solo verte dibujar en un pómulo la sonrisa del aire,
solo la nube que oculta una luz en tu rostro
me bastan para vivir eternamente
en la memoria de ti.
Es una ciudad que perfectamente podrías re diseñar. El problema está en quienes la habitan...especialmente una. Saludos cordiales, penabad.
 
Hermosas imágenes recorren tu hermoso poema querido amigo.
Un placer disfrutar de esta bella inspiración.
Un abrazo fraterno desde esta lluviosa mañana aquí a los pies de la cordillera. Saludos poeta.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba