darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se va llevando Silfo
el aliento deleznable
de tu boca,
partículas se dispersan,
se dilatan en el ambiente,
se suspenden tus palabras.
El vaho de tu silencio devora
mis instantes.
En la distancia anhelo
ese efluvio de ambrosía
que enajenaba mis ánimos,
sintonía de tus cabellos
en el ondulante mar nocturno.
Cada expiración profana mi alma,
la acosas,
abusas,
me corrompes
y me fascina.
Extraño tu soledad,
deseo ese soplo de diosa fresca
en lozanía.
No sé si comerme o beberme
tu hálito,
degustar de lo impalpable,
de lo inasible,
de lo intangible.
Verte sería pretender recordar
que existe el amor de los miserables,
esos que se conforman con la respiración
de un adiós intrínseco,
transfiguro en carne la nostalgia,
micras separan mis neuronas al violentar
las evocaciones de ese tiempo irrecuperable.
Exhalando el espacio
y sintiendo tu sutil acento.
¿¡No comprendo, por qué extraño tu aliento!?
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