ÉGLOGA BÉLICA
La callada iridisdencia de la lluvia
amortiguada por la bruma
deslíe las frutales esencias
de la piel de las vestales circasianas
que se envuelven en sus cánticos y danzas
Desde sus rizados tronos carmesíes
bajan Baco y sus bacantes hasta la proximidad de las olas
y el reflujo de hiperbóreas presencias
ilumina el crepúsculo iniciador de la fiesta
nacen los aromas previos y el dulzor de las caricias
Es la noche que conmueve las raíces soterradas
la que inicia la peligrosa salmodia de la muerte
es la noche transitada por querubines y estrellas
que se llueve mansamente sobre la tierra asolada
pronto rebrotarán las osamentas sembradas
por los odios del pasado
Y en la suavidad de sus marfiles
se escribirán églogas y bucólicas pastorales
y las danzas cortesanas serán contrapunto y ejemplo
a los batallones que avanzan en silencio
por la llanura erizada de despojos
un ramo de amapolas en la mano o en la boca
convocará a las mariposas que liban en los almendros
Es de la noche que brota en espejo cuarteado
la brutal réplica de los hombres y las bestias
tras los brocados de oro alumbrados por centellas
la batalla, la dimensión turbulenta, la magnificente orgía
que trueca en sangre suntuosa la mirífica ambrosía
ojos encendidos, músculos enardecidos, nubes que celan
la humana desproporción que a los dioses desmerece
Humano recuerdo para divinas pasiones
para el poder arrogante que en la sangre se disuelve
cantarán himnos de gloria y homenaje al triunfador
pero nunca serán escritos en la delicada tibia
del cadáver desenterrado por la lluvia.
Ilust.: “La batalla de Anghiari”. Copia del desaparecido fresco pintado por Leonardo da Vinci,
hecha por P.P. Rubens. (Museo del Louvre.)
La callada iridisdencia de la lluvia
amortiguada por la bruma
deslíe las frutales esencias
de la piel de las vestales circasianas
que se envuelven en sus cánticos y danzas
Desde sus rizados tronos carmesíes
bajan Baco y sus bacantes hasta la proximidad de las olas
y el reflujo de hiperbóreas presencias
ilumina el crepúsculo iniciador de la fiesta
nacen los aromas previos y el dulzor de las caricias
Es la noche que conmueve las raíces soterradas
la que inicia la peligrosa salmodia de la muerte
es la noche transitada por querubines y estrellas
que se llueve mansamente sobre la tierra asolada
pronto rebrotarán las osamentas sembradas
por los odios del pasado
Y en la suavidad de sus marfiles
se escribirán églogas y bucólicas pastorales
y las danzas cortesanas serán contrapunto y ejemplo
a los batallones que avanzan en silencio
por la llanura erizada de despojos
un ramo de amapolas en la mano o en la boca
convocará a las mariposas que liban en los almendros
Es de la noche que brota en espejo cuarteado
la brutal réplica de los hombres y las bestias
tras los brocados de oro alumbrados por centellas
la batalla, la dimensión turbulenta, la magnificente orgía
que trueca en sangre suntuosa la mirífica ambrosía
ojos encendidos, músculos enardecidos, nubes que celan
la humana desproporción que a los dioses desmerece
Humano recuerdo para divinas pasiones
para el poder arrogante que en la sangre se disuelve
cantarán himnos de gloria y homenaje al triunfador
pero nunca serán escritos en la delicada tibia
del cadáver desenterrado por la lluvia.
Ilust.: “La batalla de Anghiari”. Copia del desaparecido fresco pintado por Leonardo da Vinci,
hecha por P.P. Rubens. (Museo del Louvre.)
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