Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Pendiendo andanzas en el luctuoso hilo de la bulimia emocional,
asi es como la bestia se postra ante mí, tímida y vengativa cada momento irracional,
durante las noches cargadas de malicia eterna y demonios plagados de engaños,
comiendo, manso, de mi mano, los podridos frutos de mis sueños de antaño,
queriendo romper el silencio claustro colmado de emociones,
en medio de letanías lúgubres y plegarias preñadas de crueles intensiones.
Un alarido se forja desde dentro de su ser, alborotando ansias inmersas en bullicio,
colaborando urgidas con temores, que maquinan sellos en mis labios caídos en el vicio,
deseando letárgica acabar con el tedio del obscuro cuarto en donde me encuentro encerrado,
lagrimeando falsas esperanzas, pidiéndole perdón a los demonios de mi sucio pasado,
en sus ojos el fuego del infierno, en sus fauces las verdades que me azotan
y un dejo de cordura en el palpitar de su corazón que con ritmo explota.
Cancerbero de emociones, cruel y despiadado, que en sus garras estruja de mi mente el pensamiento,
vagabundo soberbio, que temerario anda en el fondo de mi alma, en busca de lo que no encuentro,
sueños pasajeros plagados de amoríos, que desgarran las prendas de mi sucio hastió,
platónicos deseos en las noche crucificadas por las causas inertes de mi asqueado vacio,
comiéndome las palabras que brotan en medio de mi clamar quejumbroso,
lamiéndome las heridas purulentas de mis perdidas batallas en mis momentos de gozo.
Centelleante y sigiloso es como radica en mi vida ese ser misterioso,
apabullando las emociones y recitando historias sobre un final glorioso,
dulce promesa que me inyecta en las venas el veneno que alborota mis penas,
ponzoña milagrosa, que recorre lenta mi sangre y carcome pútrida del cielo las escenas,
salvaguarda de la vida que se acaba presurosa, escurriéndose en mis manos, mohosa,
en espera de ese infierno clandestino que he dibujado bajo la luna gloriosa.
Has de mi aprecio un cumulo de sueños y verte en mis labios la cera que los cercene,
para volver mi castigo un señuelo, que cocine a fuego lento lo que de mi mente proviene,
toma de mí, bestia maldita, el espacio infinito que vacio llena mi corazón grisáceo,
y unta en mi cuerpo los anhelos que como góndolas zarpan huyendo de su sepulcro óseo,
toma tu espada y libértame, hazme libre de mi y de mis mortuorios espasmos,
guíame ejecutor de venganzas, hasta el cenit de mi sueños vastos.
asi es como la bestia se postra ante mí, tímida y vengativa cada momento irracional,
durante las noches cargadas de malicia eterna y demonios plagados de engaños,
comiendo, manso, de mi mano, los podridos frutos de mis sueños de antaño,
queriendo romper el silencio claustro colmado de emociones,
en medio de letanías lúgubres y plegarias preñadas de crueles intensiones.
Un alarido se forja desde dentro de su ser, alborotando ansias inmersas en bullicio,
colaborando urgidas con temores, que maquinan sellos en mis labios caídos en el vicio,
deseando letárgica acabar con el tedio del obscuro cuarto en donde me encuentro encerrado,
lagrimeando falsas esperanzas, pidiéndole perdón a los demonios de mi sucio pasado,
en sus ojos el fuego del infierno, en sus fauces las verdades que me azotan
y un dejo de cordura en el palpitar de su corazón que con ritmo explota.
Cancerbero de emociones, cruel y despiadado, que en sus garras estruja de mi mente el pensamiento,
vagabundo soberbio, que temerario anda en el fondo de mi alma, en busca de lo que no encuentro,
sueños pasajeros plagados de amoríos, que desgarran las prendas de mi sucio hastió,
platónicos deseos en las noche crucificadas por las causas inertes de mi asqueado vacio,
comiéndome las palabras que brotan en medio de mi clamar quejumbroso,
lamiéndome las heridas purulentas de mis perdidas batallas en mis momentos de gozo.
Centelleante y sigiloso es como radica en mi vida ese ser misterioso,
apabullando las emociones y recitando historias sobre un final glorioso,
dulce promesa que me inyecta en las venas el veneno que alborota mis penas,
ponzoña milagrosa, que recorre lenta mi sangre y carcome pútrida del cielo las escenas,
salvaguarda de la vida que se acaba presurosa, escurriéndose en mis manos, mohosa,
en espera de ese infierno clandestino que he dibujado bajo la luna gloriosa.
Has de mi aprecio un cumulo de sueños y verte en mis labios la cera que los cercene,
para volver mi castigo un señuelo, que cocine a fuego lento lo que de mi mente proviene,
toma de mí, bestia maldita, el espacio infinito que vacio llena mi corazón grisáceo,
y unta en mi cuerpo los anhelos que como góndolas zarpan huyendo de su sepulcro óseo,
toma tu espada y libértame, hazme libre de mi y de mis mortuorios espasmos,
guíame ejecutor de venganzas, hasta el cenit de mi sueños vastos.