Lord Simple
Poeta recién llegado
Y me dedico a sentir, con la desnudez del alma,
que es como una condena, con la que me aliento de vida,
siento y desbordo, mientras me apego al rojo de lo prohibido,
al verde de la lozanía, o al color indefinido de las locuras,
y deslizo mi vida por la columna vertebral de lo que me relaja,
hasta sentir el agua de la playa que me tuvo,
la sal en las heridas, y la voz del viento,
así como tu pincel imaginario, pintándome,
siento una caricia sobre mi piel cansada,
rebajo mi vida, la llevo hasta la falta de importancia,
como si fuese tomate, la corto en rodajas para sentirme digno,
y escancio mi sangre, para que tenga tu pequeña espuma y tu fuego,
mis posesiones son pocas, y están atrasadas,
una de mis reliquias es una cerilla quemada
que tú utilizaste para encender unas velas,
pero lo dinámico de esa luz es lo que siento,
y ahora, con la tentación de los retos, soy un sentimiento,
una causa de forma indefinida, que capta el aroma de una rosa,
para quedármelo en el alma, en un frasco de atrevimiento,
y me lleno de esta pobre lluvia, con la que el día se va,
pero mañana sentiré el amanecer, sea o no, un pase privado,
me quedaré a contar tus cabellos, y a decirte pequeñas sutilezas,
mis vivencias se me clavan como aguijones,
mientras tallo los recuerdos, para darles tu forma,
yo fui tu ropa, y me pegué a tu cuerpo para sentirlo,
después quise ser desnudez y broches abiertos,
pero siempre he sentido, como ahora, las cosas imposibles,
la lluvia que arde enloquecida, y el fuego que riega las petunias,
y no, nunca he tenido que retractarme, sentir es seguro...
te presta sus vorágines para tu sangre, y sus sueños eróticos,
sintiendo se puede ser una fuerza indómita, o una entrega absoluta,
me he volcado en sentir, aunque sé que no lo controlo,
como sé que no es de nadie, aunque me lo dé todo...
pero mis sentidos, como sirvientes abnegados, se abren,
para captar el aroma de tu almohada recién abandonada
así como el polvo empobrecido de tus múltiples encantos,
definitivamente me condeno a mí mismo a sentir,
hasta que mi interior se anegue de miles de sensaciones,
pero sólo quiero continuar con la filosofía del radar...
atrapando ondas transmitidas por ese aire defraudado
en el que sólo suelen viajar la inopia y la indiferencia,
si me lo permites te tentaré para que tú también sientas,
y te imploraré que no camines nunca ciega para la belleza,
porque los jardines se afligen cuando no te ponen melancólica
y los pájaros esconden sus colores y sus cánticos, si tú los ignoras.