José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
El martillo de mi oído se entristece
y no llora,
nunca lloran los martillos.
Martillea mi tímpano
clavetea mis neuronas
alicata mis sinapsis.
El 90 por ciento
de las mujeres embarazadas
no dio a luz a sus hijos,
en África.
La noticia.
La rabia,
La impotencia.
La ira.
El calido temblor de una voz
me sumerge
en un sueño ligero,
Que asco me da
la aburguesada
vida que llevo.
Del sueño
me despierto.
Veo
miles de fetos africanos
suspendidos en el aire,
desde esta ventana.
Suspendidos.
Suspendidos.
Tú ahumas las ventanas para no ver.
Los miles de fetos llevan velas encendidas
en sus no formadas manos
y siguen suspendidos flotando en el aire.
Y tú cierras puertas y ventanas
Suspendidos
Suspendidos
Suspendidos
En los cuatro puntos cardinales.
Miles
Miles
Suspendidos.
Al fondo el mar,
Olas de placentas
llegan desde África
a las playas de nuestra conciencia,
Suspendidos
Suspendidas
Conciencias suspendidas.
En el vacío
oscuras conciencias
martilleadas,
calladas
y no llora,
nunca lloran los martillos.
Martillea mi tímpano
clavetea mis neuronas
alicata mis sinapsis.
El 90 por ciento
de las mujeres embarazadas
no dio a luz a sus hijos,
en África.
La noticia.
La rabia,
La impotencia.
La ira.
El calido temblor de una voz
me sumerge
en un sueño ligero,
Que asco me da
la aburguesada
vida que llevo.
Del sueño
me despierto.
Veo
miles de fetos africanos
suspendidos en el aire,
desde esta ventana.
Suspendidos.
Suspendidos.
Tú ahumas las ventanas para no ver.
Los miles de fetos llevan velas encendidas
en sus no formadas manos
y siguen suspendidos flotando en el aire.
Y tú cierras puertas y ventanas
Suspendidos
Suspendidos
Suspendidos
En los cuatro puntos cardinales.
Miles
Miles
Suspendidos.
Al fondo el mar,
Olas de placentas
llegan desde África
a las playas de nuestra conciencia,
Suspendidos
Suspendidas
Conciencias suspendidas.
En el vacío
oscuras conciencias
martilleadas,
calladas
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