Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Cuando concluya el abrazo
un todo se irá alejando.
Tan implacable ese tren
reclamará el pasajero.
No admitirá las demoras
ni extensas las despedidas.
Ni admitirá que le aplaquen
los truenos de los amantes.
Podrán llevar sus bagajes,
sus maletas de recuerdos.
Podrán recordar las pieles
que en abusivos contactos
hacían brotar colores
de amaneceres y ocasos
Podrán recordar las prisas
de ebulliciones hambrientas,
de ese comer de mejillas,
las palabras encendidas.
Podrán seguir manejando
entre los dedos auroras,
y los instantes que trenzan
sus ya acopladas miradas.
Las horas serán tan largas
como fiebres estresadas,
como el sendero que nunca
se acicala de guirnaldas
Se esperarán donde siempre,
en la misma encrucijada
Cada abrazo que concluye:
El día
se va de luces
O la noche
las diluye
un todo se irá alejando.
Tan implacable ese tren
reclamará el pasajero.
No admitirá las demoras
ni extensas las despedidas.
Ni admitirá que le aplaquen
los truenos de los amantes.
Podrán llevar sus bagajes,
sus maletas de recuerdos.
Podrán recordar las pieles
que en abusivos contactos
hacían brotar colores
de amaneceres y ocasos
Podrán recordar las prisas
de ebulliciones hambrientas,
de ese comer de mejillas,
las palabras encendidas.
Podrán seguir manejando
entre los dedos auroras,
y los instantes que trenzan
sus ya acopladas miradas.
Las horas serán tan largas
como fiebres estresadas,
como el sendero que nunca
se acicala de guirnaldas
Se esperarán donde siempre,
en la misma encrucijada
Cada abrazo que concluye:
El día
se va de luces
O la noche
las diluye