jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
si alguien me hubiera dicho, aurora
a principios de abril cuando te conocí y me enamoré de ti
que a mediados de septiembre yo dejaría este cuarto
y saldría al pasillo y bajaría las escaleras y saldría de este hotel
y me perdería en la madrugada lo más lejos posible
de tu cuerpo dormido allí entre las sábanas revueltas de la cama
y tu olor a niña y la suavidad de tu piel
lo más lejos posible de tus brazos
que durante meses ansió mi cuerpo sentir en torno suyo
cuando cada noche yo vagaba por el rumbo de tu casa
dando vueltas y vueltas a la espera del milagro
que salieras a la puerta y me vieras y te acercaras a mí
y poder besarte y estrecharte con fuerza entre mis brazos
y decirte cuánto te amaba cuánto me dolías cuánto llanto
derramaba por aquel incomprensible amor que me inspirabas
tú una muchacha apenas vista un par de veces yo un viejo amargado
alcohólico divorciado con hijos desperdigados por todas partes
consumidor de pornografía masturbador irredento poeta de quinta
todavía no entiendo cómo tus padres no te enviaron a europa
cuando les dijiste que un tipo como yo te rondaba los pasos
cómo no previeron el descontrol que asolaría tus sentimientos
y al anticiparlo encerrarte en tu cuarto tal vez mantenerte drogada
quizás fue la tremenda incredulidad de que algo así pudiera ocurrir
algo impensable hasta el punto de resultar aparentemente imposible
lo que inactivó su recelo y dejó abierto el campo a la acción
de los imparables efectos del amor abandonado a su propia lógica
el vértigo de reconocerse en otro y la consecuente inmersión
en esa loca felicidad producto de la pérdida de las fronteras del propio yo
-¡nunca hubieras creido que pudieras llegar a sentirte tan unida a nadie!-
el tiempo transcurriendo como flotando a diez centímetros del piso
meses enteros pasados en ese limbo resplandeciente de la mirada del otro
por último nuestra boda en secreto hace apenas un par de días
luego salir huyendo a este pueblo de nombre impronunciable junto al mar
alquilar un cuarto en el único jodido hotel de por el rumbo
abrir una botella de whisky y brindar y luego desnudarnos
tenerte por vez primera pero no encontrar ya nada en ti
no encontrar ya nada en ti de lo que alguna vez hace años
podía encontrar en las mujeres sin mayor problema
no sentir ya nada de lo que con ellas sentía
no tener en realidad ya ni putas ganas de estar dentro de una mujer
y luego contemplar ya sin deseo tu flaco y pequeño cuerpo
tus pechos como dos limones tus caderas a medio desarrollar
tus delgadas piernas tu discreta vagina apenas provista de relieve
qué bueno que al final te venció el sueño y quedaste dormida
qué bueno que tenía a mi lado la puta botella de whisky
y poder tomarme dos largos tragos y luego vestirme
y abrir la puerta y salir al pasillo y bajar las escaleras
qué bueno que la luna brilla ahora en lo alto del cielo
y alumbra el camino que siguen mis pasos en dirección al punto
saliendo del pueblo y luego tomando a la derecha el primer sendero
donde el recepcionista del hotel me dijo que está el acantilado
donde van y se tiran a morir los amantes desquiciados
pero nadie me dijo nada...
a principios de abril cuando te conocí y me enamoré de ti
que a mediados de septiembre yo dejaría este cuarto
y saldría al pasillo y bajaría las escaleras y saldría de este hotel
y me perdería en la madrugada lo más lejos posible
de tu cuerpo dormido allí entre las sábanas revueltas de la cama
y tu olor a niña y la suavidad de tu piel
lo más lejos posible de tus brazos
que durante meses ansió mi cuerpo sentir en torno suyo
cuando cada noche yo vagaba por el rumbo de tu casa
dando vueltas y vueltas a la espera del milagro
que salieras a la puerta y me vieras y te acercaras a mí
y poder besarte y estrecharte con fuerza entre mis brazos
y decirte cuánto te amaba cuánto me dolías cuánto llanto
derramaba por aquel incomprensible amor que me inspirabas
tú una muchacha apenas vista un par de veces yo un viejo amargado
alcohólico divorciado con hijos desperdigados por todas partes
consumidor de pornografía masturbador irredento poeta de quinta
todavía no entiendo cómo tus padres no te enviaron a europa
cuando les dijiste que un tipo como yo te rondaba los pasos
cómo no previeron el descontrol que asolaría tus sentimientos
y al anticiparlo encerrarte en tu cuarto tal vez mantenerte drogada
quizás fue la tremenda incredulidad de que algo así pudiera ocurrir
algo impensable hasta el punto de resultar aparentemente imposible
lo que inactivó su recelo y dejó abierto el campo a la acción
de los imparables efectos del amor abandonado a su propia lógica
el vértigo de reconocerse en otro y la consecuente inmersión
en esa loca felicidad producto de la pérdida de las fronteras del propio yo
-¡nunca hubieras creido que pudieras llegar a sentirte tan unida a nadie!-
el tiempo transcurriendo como flotando a diez centímetros del piso
meses enteros pasados en ese limbo resplandeciente de la mirada del otro
por último nuestra boda en secreto hace apenas un par de días
luego salir huyendo a este pueblo de nombre impronunciable junto al mar
alquilar un cuarto en el único jodido hotel de por el rumbo
abrir una botella de whisky y brindar y luego desnudarnos
tenerte por vez primera pero no encontrar ya nada en ti
no encontrar ya nada en ti de lo que alguna vez hace años
podía encontrar en las mujeres sin mayor problema
no sentir ya nada de lo que con ellas sentía
no tener en realidad ya ni putas ganas de estar dentro de una mujer
y luego contemplar ya sin deseo tu flaco y pequeño cuerpo
tus pechos como dos limones tus caderas a medio desarrollar
tus delgadas piernas tu discreta vagina apenas provista de relieve
qué bueno que al final te venció el sueño y quedaste dormida
qué bueno que tenía a mi lado la puta botella de whisky
y poder tomarme dos largos tragos y luego vestirme
y abrir la puerta y salir al pasillo y bajar las escaleras
qué bueno que la luna brilla ahora en lo alto del cielo
y alumbra el camino que siguen mis pasos en dirección al punto
saliendo del pueblo y luego tomando a la derecha el primer sendero
donde el recepcionista del hotel me dijo que está el acantilado
donde van y se tiran a morir los amantes desquiciados
pero nadie me dijo nada...
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