percio
Poeta asiduo al portal
Lo más admirable de un educador, no es que sea un Einstein de la materia, ni que sepa transmitir la teoría a sus estudiantes. ¡No! Lo más importante, es sembrar la semilla de la duda y hacer brotar, la necesidad de resolverla, que a la larga, es de lo que se trata la enseñanza seglar: Aprender a resolver, los innumerables enigmas, que encontraremos a lo largo de nuestras vidas.
Un frio día, de antaño, cuando mis emociones eran moduladas por la inocencia y el relieve de mi cara era determinado por las hormonas, Waldo, nuestro director de secundaria, encontró en el pasillo , a tres muchachos, que charlaba animadamente, mientras los demás recibían clases . Al verse descubiertos, esperaron el regio regaño, pero en vez de eso, inicio la siguiente conversación.
- ¿Saben contar?
Sin lugar a dudas, pensaron que era una broma lo que escuchaban sus jóvenes oídos, pero antes de que salieran de su, asombro, fueron impactados por una segunda interrogante, no menos extraña.
-¿Cuantos dedos hay en una mano?
Aquel extraño dialogo cogía intensidad, así que a la velocidad de un rayo, afilaron sus neuronas y a coro contestaron cinco.
-¿Y .la matemática es exacta? .
Afirmaron con sus cabezas mientras buscaban entre si alguna respuesta distinta a la propia, pues el fantasma de la duda, comenzaba a morderlos.
En ese justo momento, Waldo, suelta aquella última pregunta, impulsada por su fuerte voz y dirigida con su aguda mirada hacia el centro de las retinas, de cada uno de aquellos tres triste tigres.
-¿CUANTOS DEDOS TENGO EN LAS MANOS?
Ante una tonta pregunta una respuesta aun más . El mas aventado quiso tomar el control de la situación y respondió jactanciosamente
- Pues diez.
Entonces, nuestro director, esbozo aquella leve sonrisa, abrió sus manos y comenzó a contar de atrás para delante, tocando cada dedo que contaba con pausada intención, 10, 9, 8, 7. 6
Enseguida hizo un puño la otra mano y nos dijo afirmando mas que preguntando:
- Más estos otros cinco, suman ..
Aquel once, nos abofeteo el cerebro, tanto que lo repetimos y no salimos del asombro, cuando comprobamos, que la cuenta también era válida con nuestras manos.
Nunca más, en mi vida, volví a perderme una clase de matemáticas.
Ahora les trasmito la duda que azoto mis tempranos razonamientos.
-¿Porque se da esta incongruencia matemática?
Un frio día, de antaño, cuando mis emociones eran moduladas por la inocencia y el relieve de mi cara era determinado por las hormonas, Waldo, nuestro director de secundaria, encontró en el pasillo , a tres muchachos, que charlaba animadamente, mientras los demás recibían clases . Al verse descubiertos, esperaron el regio regaño, pero en vez de eso, inicio la siguiente conversación.
- ¿Saben contar?
Sin lugar a dudas, pensaron que era una broma lo que escuchaban sus jóvenes oídos, pero antes de que salieran de su, asombro, fueron impactados por una segunda interrogante, no menos extraña.
-¿Cuantos dedos hay en una mano?
Aquel extraño dialogo cogía intensidad, así que a la velocidad de un rayo, afilaron sus neuronas y a coro contestaron cinco.
-¿Y .la matemática es exacta? .
Afirmaron con sus cabezas mientras buscaban entre si alguna respuesta distinta a la propia, pues el fantasma de la duda, comenzaba a morderlos.
En ese justo momento, Waldo, suelta aquella última pregunta, impulsada por su fuerte voz y dirigida con su aguda mirada hacia el centro de las retinas, de cada uno de aquellos tres triste tigres.
-¿CUANTOS DEDOS TENGO EN LAS MANOS?
Ante una tonta pregunta una respuesta aun más . El mas aventado quiso tomar el control de la situación y respondió jactanciosamente
- Pues diez.
Entonces, nuestro director, esbozo aquella leve sonrisa, abrió sus manos y comenzó a contar de atrás para delante, tocando cada dedo que contaba con pausada intención, 10, 9, 8, 7. 6
Enseguida hizo un puño la otra mano y nos dijo afirmando mas que preguntando:
- Más estos otros cinco, suman ..
Aquel once, nos abofeteo el cerebro, tanto que lo repetimos y no salimos del asombro, cuando comprobamos, que la cuenta también era válida con nuestras manos.
Nunca más, en mi vida, volví a perderme una clase de matemáticas.
Ahora les trasmito la duda que azoto mis tempranos razonamientos.
-¿Porque se da esta incongruencia matemática?
Vean la foto.
Y la respuesta traten de dársela a sus hijos, les garantizo que les arrancaran una sonrisa de asombro. :::sorpresa1:::