AMANT
Poeta adicto al portal
Besos inquietos, navegantes
de un mar de silencio;
nubes precipitando
líquida melancolía,
flores que, de a poco, se deshojan,
vertiendo sus diáfanos pétalos salinos
sobre el suelo sediento;
horas divinas sucumbiendo,
cayendo lentamente
en el hoyo negro del tiempo...,
(yo sin vos)
Violines sordos, sonando acariciantes,
exhalando nostálgicas notas
hechas de recuerdos,
de sentimiento inagotable
que mana de esta acerada esencia
de cristal cortado;
haciendo eco en los
rincones más desolados
de la soledad,
esa herida que duele cada día más.
Inminente el adiós...
desgarrándome el pecho
cual incesante infarto,
caníbal devorando mis entrañas,
brutal, inclemente presagio
que me asalta la razón...
Poseída estoy por una bendición
que cual maldición se aferra a mi vida.
(Ausente estás y tan presente, amor)
Invadida de ideas
que laceran mi encéfalo:
la abismal diferencia de edades,
la fantástica quimera
de estar juntas,
el nudo de la historia,
que se ha transmutado
en miles de estos
que se empeñan
en no ser desatados.
(Desesperadamente tuya)
Versos fatídicos paladeando
un ácido final,
se apilan sobre lápidas
cuyos epitafios llamo poesía.
Tristemente, te busca el alma mía,
mientras vive en agonía
tratando de decidir
si debe proponer una despedida.
Nerviosa, trémula, aterida,
temerosa, me encuentro,
y, al tiempo, me pierdo...,
cuando, al otro lado de la línea,
cada día, con dulcísima voz,
vos me dices: te amo, amor,
y yo, sólo atino a responder:
te amo, mi vida,
con toda mi alma, con todo mi ser.
Hasta mañana, adiós...,
y pienso que es una locura
dejarte así, amándome, amándote.
de un mar de silencio;
nubes precipitando
líquida melancolía,
flores que, de a poco, se deshojan,
vertiendo sus diáfanos pétalos salinos
sobre el suelo sediento;
horas divinas sucumbiendo,
cayendo lentamente
en el hoyo negro del tiempo...,
(yo sin vos)
Violines sordos, sonando acariciantes,
exhalando nostálgicas notas
hechas de recuerdos,
de sentimiento inagotable
que mana de esta acerada esencia
de cristal cortado;
haciendo eco en los
rincones más desolados
de la soledad,
esa herida que duele cada día más.
Inminente el adiós...
desgarrándome el pecho
cual incesante infarto,
caníbal devorando mis entrañas,
brutal, inclemente presagio
que me asalta la razón...
Poseída estoy por una bendición
que cual maldición se aferra a mi vida.
(Ausente estás y tan presente, amor)
Invadida de ideas
que laceran mi encéfalo:
la abismal diferencia de edades,
la fantástica quimera
de estar juntas,
el nudo de la historia,
que se ha transmutado
en miles de estos
que se empeñan
en no ser desatados.
(Desesperadamente tuya)
Versos fatídicos paladeando
un ácido final,
se apilan sobre lápidas
cuyos epitafios llamo poesía.
Tristemente, te busca el alma mía,
mientras vive en agonía
tratando de decidir
si debe proponer una despedida.
Nerviosa, trémula, aterida,
temerosa, me encuentro,
y, al tiempo, me pierdo...,
cuando, al otro lado de la línea,
cada día, con dulcísima voz,
vos me dices: te amo, amor,
y yo, sólo atino a responder:
te amo, mi vida,
con toda mi alma, con todo mi ser.
Hasta mañana, adiós...,
y pienso que es una locura
dejarte así, amándome, amándote.
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