romaguce
Poeta recién llegado
Soledad,
Ven y lleva mi fatuo cuerpo a las inmortales sombras del adiós,
Y en silencio, cuéntale a la noche, que le fui infiel...
No le digas, que así, conocí la felicidad y que ésta sació la inconsolable sed de su castigo,
Solo dile que bajo el lupanar de un atardecer, mis manos aprendieron a olvidarla y mi apagada voz, a musitar el promiscuo nombre de la locura,
y cansado, me entregue al indómito sosiego de su vértigo...
Por último, entrégale las últimas promesas que robé de las flores y el invierno y que aun no marchitan con los sueños y pídele, que entregue mi nombre al viento,
Que éste sabrá que hacer, con lo poco que queda de él...
Ahora, la noche tiene sentido, yo no estoy... y ella está sola... extrañándome.
Ven y lleva mi fatuo cuerpo a las inmortales sombras del adiós,
Y en silencio, cuéntale a la noche, que le fui infiel...
No le digas, que así, conocí la felicidad y que ésta sació la inconsolable sed de su castigo,
Solo dile que bajo el lupanar de un atardecer, mis manos aprendieron a olvidarla y mi apagada voz, a musitar el promiscuo nombre de la locura,
y cansado, me entregue al indómito sosiego de su vértigo...
Por último, entrégale las últimas promesas que robé de las flores y el invierno y que aun no marchitan con los sueños y pídele, que entregue mi nombre al viento,
Que éste sabrá que hacer, con lo poco que queda de él...
Ahora, la noche tiene sentido, yo no estoy... y ella está sola... extrañándome.