El aire con sal.

Mateo García Victoria

Poeta recién llegado
Me siento un náufrago, un desconocido,
perdido del mar de todos tus latidos
caído en el olvido más esquivo,
retratando tus ojos mientras te escribo.
Dame tus alas para poder volar
aunque ya no haya cielo que alcanzar,
te concedo mis deseos y felicidad
te concedo mis deseos y felicidad...
Al principio fuiste tú, luego el universo,
después las pestañas de este océano,
aunque solo conserve tu reflejo de cristal
aunque me faltan fuerzas para remar,
mi sonrisa es el estandarte de tu libertad
te concedo mis ganas de continuar,
aunque solo conserve tu reflejo de cristal
aunque me falten fuerzas para remar...
Que me acojan tus sirenas de infelicidad
que me arrastren con ellas al fondo abisal
que se acabe mi tinta y muera mi libreta,
qué más dará, me pregunto qué más dará,
te concedo mis deseos y felicidad
te concedo mis ganas de continuar...
Es verdad eso que nadie te quiere contar
el amor esta por encima de las distancias,
por encima de lo que puedas imaginar,
concédeme otra vez tu gran respirar
qué se mezcle el aire con toda la sal,
con mis soplidos que te intentan alcanzar
con todos mis intentos que fueron fallidos,
un minuto de silencio por los versos fallecidos
por esas fuerzas que me faltan y susurran
qué me olvide qué lo deje todo ya,
te concedo mis deseos y felicidad
te concedo mis ganas de continuar
aunque me falten fuerzas para remar...
 

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