marcos aballes
Poeta recién llegado
Corrían los años 1941 al 1945
cuando la segunda guerra mundial
estremecía a todo el mundo
y en especial, a toda la Europa.
De la Rusia roja, sale esta inspiración
de una linda historia de amor
amor del puro, de alma y corazón.
MI PEQUEÑO ÁLAMO¨.
A la guerra se tuvo que marchar
el amante fiel y enamorado
La despedida fue muy triste
recordarla dan ganas de llorar.
Porque de historias de amor tristes
se puede sin pena, lágrimas derramar.
Algo que nadie lo puede evitar
llora el hombre, llora el niño y la mujer.
Sus citas de amor siempre fueron
bajo un floreciente pequeño álamo.
Testigo mudo de sus cuitas de amor,
de los florecidos besos apasionados.
Siempre al atardecer, después de cada faena
la niña lo esperaba con ansiedad y desespero.
El como siempre, venia por el sendero
cantando su himno del amor prisionero.
Para el no existía ni estrellas o luceros
mas bellas brillando en el mismo cielo,
que su amada y linda joven adorada.
Ella era el centro de su universo.
El día en que el destino cruel
les puso la triste separación sin salida.
En ese momento, entre ellos, fieles amantes
la daga del destino, hizo su profunda herida.
Herida sangrante y llena de dolor
de esas que no se cierran, sin un beso de amor.
Se abrazaron muy fuertemente, en un lazo de dolor
lloraron juntos los dos, de angustia y dolor.
Sabían muy dentro de si, que el destino era incierto
que la guerra fuera algo muy cruel y nefasto.
Maldita guerra, de su pecho salio como un ronquido
más bien fue un triste alarido, al salir de su pecho.
Hincado estaba abrazado al cuerpo de la amada,
ella le mesaba su rebelde cabellera con afecto,
él, sin saber que hacer, se quedo en silencio mudo.
Los dos callaron, se miraron por última vez.
Se dijeron entre tiernos besos, mil promesas de amor.
Ella triste y desesperada, callada lo acariciaba,
Nadie sabría medir, en aquel silencio mudo
lo triste de aquella dolida separación.
El álamo, testigo fiel, fue testigo de aquel adiós,
del pacto entre dos enamorados, de no olvidarse jamás.
Pasara lo que pasara, siempre estarían juntos,
através del tiempo y el atardecer.
Como siempre, bajo la sombra del álamo aquel
que siempre los abrigo, con afecto paternal.
Así paso el tiempo, entre tardías cartas
envueltas en amargos sollozos, del amante fiel.
El álamo fue testigo, de como la niña
a la cita diaria nunca falto, allí venia a llorar
la ausencia del amado, de aquel que al partir
se había llevado su alma y corazón..
Los años fueron pasando, uno tras otro,
ya del frente nada se sabia de su amor
nadie le sabia dar una razón cierta de el,
Terminó la guerra y ella moría de desesperación.
Como otros tantos desaparecidos
su amado quedó, de la guerra no volvió.
Dicen los que la vieron en cada atardecer
si, allí, donde ya era costumbre.
Debajo del árbol aquel, pálida y compugida
llorando sangre por la herida que nunca cerró:
De eso fueron testigos, la lluvia y el viento.
También las flores mustias caídas sobre su cuerpo.
La niña y el álamo, quedaron con un abrazo
unidos en una historia de amor fundido
que el escritor inmortalizo con sencillez
LA NIÑA Y EL PEQUEÑO ÁLAMO¨.
cuando la segunda guerra mundial
estremecía a todo el mundo
y en especial, a toda la Europa.
De la Rusia roja, sale esta inspiración
de una linda historia de amor
amor del puro, de alma y corazón.
MI PEQUEÑO ÁLAMO¨.
A la guerra se tuvo que marchar
el amante fiel y enamorado
La despedida fue muy triste
recordarla dan ganas de llorar.
Porque de historias de amor tristes
se puede sin pena, lágrimas derramar.
Algo que nadie lo puede evitar
llora el hombre, llora el niño y la mujer.
Sus citas de amor siempre fueron
bajo un floreciente pequeño álamo.
Testigo mudo de sus cuitas de amor,
de los florecidos besos apasionados.
Siempre al atardecer, después de cada faena
la niña lo esperaba con ansiedad y desespero.
El como siempre, venia por el sendero
cantando su himno del amor prisionero.
Para el no existía ni estrellas o luceros
mas bellas brillando en el mismo cielo,
que su amada y linda joven adorada.
Ella era el centro de su universo.
El día en que el destino cruel
les puso la triste separación sin salida.
En ese momento, entre ellos, fieles amantes
la daga del destino, hizo su profunda herida.
Herida sangrante y llena de dolor
de esas que no se cierran, sin un beso de amor.
Se abrazaron muy fuertemente, en un lazo de dolor
lloraron juntos los dos, de angustia y dolor.
Sabían muy dentro de si, que el destino era incierto
que la guerra fuera algo muy cruel y nefasto.
Maldita guerra, de su pecho salio como un ronquido
más bien fue un triste alarido, al salir de su pecho.
Hincado estaba abrazado al cuerpo de la amada,
ella le mesaba su rebelde cabellera con afecto,
él, sin saber que hacer, se quedo en silencio mudo.
Los dos callaron, se miraron por última vez.
Se dijeron entre tiernos besos, mil promesas de amor.
Ella triste y desesperada, callada lo acariciaba,
Nadie sabría medir, en aquel silencio mudo
lo triste de aquella dolida separación.
El álamo, testigo fiel, fue testigo de aquel adiós,
del pacto entre dos enamorados, de no olvidarse jamás.
Pasara lo que pasara, siempre estarían juntos,
através del tiempo y el atardecer.
Como siempre, bajo la sombra del álamo aquel
que siempre los abrigo, con afecto paternal.
Así paso el tiempo, entre tardías cartas
envueltas en amargos sollozos, del amante fiel.
El álamo fue testigo, de como la niña
a la cita diaria nunca falto, allí venia a llorar
la ausencia del amado, de aquel que al partir
se había llevado su alma y corazón..
Los años fueron pasando, uno tras otro,
ya del frente nada se sabia de su amor
nadie le sabia dar una razón cierta de el,
Terminó la guerra y ella moría de desesperación.
Como otros tantos desaparecidos
su amado quedó, de la guerra no volvió.
Dicen los que la vieron en cada atardecer
si, allí, donde ya era costumbre.
Debajo del árbol aquel, pálida y compugida
llorando sangre por la herida que nunca cerró:
De eso fueron testigos, la lluvia y el viento.
También las flores mustias caídas sobre su cuerpo.
La niña y el álamo, quedaron con un abrazo
unidos en una historia de amor fundido
que el escritor inmortalizo con sencillez
LA NIÑA Y EL PEQUEÑO ÁLAMO¨.