Llega sin hacer ruido,
como la niebla en el valle;
va deshojando los nombres
sin levantar una sangre.
Se lleva fechas y voces,
los caminos de la infancia,
los abrazos compartidos
y el calor de la mirada.
Abre ventanas vacías
donde antes hubo recuerdos;
deja los relojes quietos
y los silencios despiertos.
Busca la llave del alma
sin encontrar la salida,
mientras el tiempo deshace
los bordes de cada vida.
Pero hay un rincón oculto
que no consigue apagar:
el corazón, cuando ama,
siempre recuerda el amar.
Y aunque los ojos pregunten
por rostros que fueron casa,
una caricia sincera
todavía encuentra el alma.
Porque el amor no se pierde
cuando la memoria calla;
permanece entre las manos
como una luz que no acaba.
Si un día olvido tu nombre
y no sé quién me acompaña,
háblame con la ternura
con que florece la rama.
No llores por lo que pierdo,
ni por mi noche callada;
quédate cerca de mí,
que tu presencia me basta.
Quizá no pueda decirte
todo aquello que sentía,
pero mi corazón sabe
que fuiste siempre mi vida.
como la niebla en el valle;
va deshojando los nombres
sin levantar una sangre.
Se lleva fechas y voces,
los caminos de la infancia,
los abrazos compartidos
y el calor de la mirada.
Abre ventanas vacías
donde antes hubo recuerdos;
deja los relojes quietos
y los silencios despiertos.
Busca la llave del alma
sin encontrar la salida,
mientras el tiempo deshace
los bordes de cada vida.
Pero hay un rincón oculto
que no consigue apagar:
el corazón, cuando ama,
siempre recuerda el amar.
Y aunque los ojos pregunten
por rostros que fueron casa,
una caricia sincera
todavía encuentra el alma.
Porque el amor no se pierde
cuando la memoria calla;
permanece entre las manos
como una luz que no acaba.
Si un día olvido tu nombre
y no sé quién me acompaña,
háblame con la ternura
con que florece la rama.
No llores por lo que pierdo,
ni por mi noche callada;
quédate cerca de mí,
que tu presencia me basta.
Quizá no pueda decirte
todo aquello que sentía,
pero mi corazón sabe
que fuiste siempre mi vida.