Fingal
Poeta adicto al portal
Te traje el asombro en el destello del relámpago,
la lealtad de los vientos cardinales,
la pureza de la lluvia virgen,
la voz y el aliento del mar amante
y su caricia en la arena cálida y fina.
Te traje el sueño del bosque de trébol y roble,
la ofrenda de sus habitantes,
el canto del río que amansa a las piedras
y su salto del ángel
sobre espuma de espejos.
Te traje la danza de las ninfas,
lágrimas de sirenas rescatadas de corales,
el reservado roce del unicornio,
las alas de Ícaro redimidas,
la esperanza en el vientre de Pandora,
los versos de los poetas
que enmudecieron al desvelarlos.
Te traje el latido de la entraña de la tierra,
el tejido de la luna en retales de nube,
constelaciones
que dibujan tus ojos y tu nombre,
el amanecer de siete soles...
Pero tú...
tú me diste a beber agua en tus manos,
me diste a beber agua en tus manos...
Álvaro del Prado
Galapagar (Madrid), 30 de agosto de 2015
Nota del autor: El gesto de darse de beber en las manos se me quedó grabado de una escena de la película "La espada del samurái", de la despedida de dos amigos, uno de los cuales partía a una guerra que ya estaba perdida.
la lealtad de los vientos cardinales,
la pureza de la lluvia virgen,
la voz y el aliento del mar amante
y su caricia en la arena cálida y fina.
Te traje el sueño del bosque de trébol y roble,
la ofrenda de sus habitantes,
el canto del río que amansa a las piedras
y su salto del ángel
sobre espuma de espejos.
Te traje la danza de las ninfas,
lágrimas de sirenas rescatadas de corales,
el reservado roce del unicornio,
las alas de Ícaro redimidas,
la esperanza en el vientre de Pandora,
los versos de los poetas
que enmudecieron al desvelarlos.
Te traje el latido de la entraña de la tierra,
el tejido de la luna en retales de nube,
constelaciones
que dibujan tus ojos y tu nombre,
el amanecer de siete soles...
Pero tú...
tú me diste a beber agua en tus manos,
me diste a beber agua en tus manos...
Álvaro del Prado
Galapagar (Madrid), 30 de agosto de 2015
Nota del autor: El gesto de darse de beber en las manos se me quedó grabado de una escena de la película "La espada del samurái", de la despedida de dos amigos, uno de los cuales partía a una guerra que ya estaba perdida.
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