Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Niña! ¡¿Cómo pretendes tú, ser nada menos que la dueña única
de quien se considera hermano del mar, amigo del viento,
poeta de la luna, cumbre de la montaña, lago en el desierto?!
¡Sólo puedes concebir, niña, el acto de verter tu condolida lágrima
por quien comprueba que el mar le ahoga o el viento le arrasa
o la luna le rehúye o la montaña le traga o el desierto le mata de sed.
¡Niña! ¡¿Cómo pretendes tú, ser nada menos que la dueña única
de quien se sabe hijo del sol, amante de la noche, augur de la lluvia,
luz de las estrellas, Rey de los hombres?!
¡Sólo puedes concebir, niña, el acto de verter tu condolida lágrima,
por quien es abrasado por el sol, perdido por la noche, ahogado
por el diluvio, ignorado por su estrella, herido por el hombre.
¡Niña! ¡¿Cómo pretendes tú, ser nada menos que la dueña única
de quien hace la guerra, funde la nieve, compone la música,
domina flora y fauna y el Creador se siente?!
¡Sólo puedes concebir, niña, el acto de verter tu condolida lágrima
por quien admite que la guerra es fin, aterido en la nieve, oyendo final
en el último árbol agónico, la música del último trino del último pájaro.
Niña, ¿acaso pretendes tú, ser nada menos que mi esperanza única?
¿Tierra fértil de mi semilla, mi redención divina, así, llorosa, testaruda,
enamorada? Pues de serlo, serías nada menos que mi mayor hazaña...
Y mi orgullo no lo puede permitir. Antes muerto.
de quien se considera hermano del mar, amigo del viento,
poeta de la luna, cumbre de la montaña, lago en el desierto?!
¡Sólo puedes concebir, niña, el acto de verter tu condolida lágrima
por quien comprueba que el mar le ahoga o el viento le arrasa
o la luna le rehúye o la montaña le traga o el desierto le mata de sed.
¡Niña! ¡¿Cómo pretendes tú, ser nada menos que la dueña única
de quien se sabe hijo del sol, amante de la noche, augur de la lluvia,
luz de las estrellas, Rey de los hombres?!
¡Sólo puedes concebir, niña, el acto de verter tu condolida lágrima,
por quien es abrasado por el sol, perdido por la noche, ahogado
por el diluvio, ignorado por su estrella, herido por el hombre.
¡Niña! ¡¿Cómo pretendes tú, ser nada menos que la dueña única
de quien hace la guerra, funde la nieve, compone la música,
domina flora y fauna y el Creador se siente?!
¡Sólo puedes concebir, niña, el acto de verter tu condolida lágrima
por quien admite que la guerra es fin, aterido en la nieve, oyendo final
en el último árbol agónico, la música del último trino del último pájaro.
Niña, ¿acaso pretendes tú, ser nada menos que mi esperanza única?
¿Tierra fértil de mi semilla, mi redención divina, así, llorosa, testaruda,
enamorada? Pues de serlo, serías nada menos que mi mayor hazaña...
Y mi orgullo no lo puede permitir. Antes muerto.
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