El amor de hoy y el amor que permanece

Daniii_Poeta

El poeta de las verdades
El amor de hoy corre deprisa,
como si el tiempo le estorbara, como si sentir fuera urgente
pero comprender fuera opcional.
Se enciende fácil, como una chispa en el viento,
y muchas veces se apaga sin haber aprendido a ser fuego.





Hoy el amor se confunde con presencia momentánea,
con un mensaje bonito a medianoche,
con palabras que suenan profundas pero no siempre se sostienen.
Se dice “te amo” sin haber aprendido a decir “hablemos”,
y se promete eternidad sin haber sobrevivido a una sola tormenta.





Es un amor que a veces evita el conflicto,
que prefiere desaparecer antes que enfrentarse,
que se pierde en el orgullo, en el silencio, en la duda,
y deja conversaciones abiertas como puertas sin cerrar.





Se ve mucho amor que no sabe quedarse,
que se va por malentendidos pequeños,
que se rompe por falta de diálogo,
que se cansa antes de intentar comprender.





Y entonces se le llama “amor moderno”,
como si la modernidad justificara la ausencia de lucha,
como si dejar ir fuera siempre madurez,
cuando a veces también es falta de intención.





Pero existe otro amor…
uno que no se anuncia con ruido,
uno que no necesita demostrar todo el tiempo que existe,
porque se demuestra quedándose.





El amor verdadero no es perfecto,
pero es constante.
No es fácil, pero es consciente.
No nace solo de la emoción,
nace de la decisión de construir incluso cuando duele.





El amor verdadero no huye cuando hay problemas,
se sienta con ellos.
Los mira de frente.
Los nombra sin miedo.
Y busca soluciones donde otros ven finales.





Es un amor que aprende a escuchar de verdad,
no para responder, sino para entender.
Que sabe que el otro no es un enemigo en una discusión,
sino alguien a quien no quiere perder.





El amor verdadero no gana peleas,
porque prefiere ganar paz.
No se alimenta del orgullo,
sino del respeto.





Hay amores que se destruyen por no hablar,
por no saber pedir perdón,
por no aprender a decir “me dolió”,
o “me equivoqué”, o “quiero intentarlo de nuevo”.





Y esos amores se van,
aunque hayan sido intensos,
aunque hayan sido bonitos por momentos,
porque lo intenso no siempre es profundo.





Pero el amor verdadero es profundo incluso en el silencio.
No necesita exagerar lo que siente,
porque lo sostiene con acciones pequeñas,
con paciencia, con constancia, con cuidado diario.





Es el amor que entiende que amar no es no discutir,
sino saber volver a encontrarse después de discutir.
Es el amor que no se rinde en la primera grieta,
sino que aprende a repararla.





El amor de hoy muchas veces se quiebra rápido,
porque no se le enseñó a sostener lo que siente.
Pero el amor verdadero no es de moda ni de época,
es de elección, de madurez, de corazón firme.





Y aunque hoy parezca que hay más amores que se van que amores que se quedan,
todavía existen los que eligen quedarse.
Los que no se van cuando todo se complica.
Los que no abandonan cuando el diálogo cuesta.





Porque al final, el amor verdadero no es el que nunca cae,
sino el que aprende a levantarse una y otra vez,
sin soltar la mano del otro en el camino.
 
Me ha gustado tu reflexivo poema y en especial el final que dejas definitivo.

Porque al final, el amor verdadero no es el que nunca cae,
sino el que aprende a levantarse una y otra vez,
sin soltar la mano del otro en el camino.


He disfrutado con su lectura.

d82a7472-b3bc-4690-b97c-d949b0d1f755.gif
 
El amor de hoy corre deprisa,
como si el tiempo le estorbara, como si sentir fuera urgente
pero comprender fuera opcional.
Se enciende fácil, como una chispa en el viento,
y muchas veces se apaga sin haber aprendido a ser fuego.





Hoy el amor se confunde con presencia momentánea,
con un mensaje bonito a medianoche,
con palabras que suenan profundas pero no siempre se sostienen.
Se dice “te amo” sin haber aprendido a decir “hablemos”,
y se promete eternidad sin haber sobrevivido a una sola tormenta.





Es un amor que a veces evita el conflicto,
que prefiere desaparecer antes que enfrentarse,
que se pierde en el orgullo, en el silencio, en la duda,
y deja conversaciones abiertas como puertas sin cerrar.





Se ve mucho amor que no sabe quedarse,
que se va por malentendidos pequeños,
que se rompe por falta de diálogo,
que se cansa antes de intentar comprender.





Y entonces se le llama “amor moderno”,
como si la modernidad justificara la ausencia de lucha,
como si dejar ir fuera siempre madurez,
cuando a veces también es falta de intención.





Pero existe otro amor…
uno que no se anuncia con ruido,
uno que no necesita demostrar todo el tiempo que existe,
porque se demuestra quedándose.





El amor verdadero no es perfecto,
pero es constante.
No es fácil, pero es consciente.
No nace solo de la emoción,
nace de la decisión de construir incluso cuando duele.





El amor verdadero no huye cuando hay problemas,
se sienta con ellos.
Los mira de frente.
Los nombra sin miedo.
Y busca soluciones donde otros ven finales.





Es un amor que aprende a escuchar de verdad,
no para responder, sino para entender.
Que sabe que el otro no es un enemigo en una discusión,
sino alguien a quien no quiere perder.





El amor verdadero no gana peleas,
porque prefiere ganar paz.
No se alimenta del orgullo,
sino del respeto.





Hay amores que se destruyen por no hablar,
por no saber pedir perdón,
por no aprender a decir “me dolió”,
o “me equivoqué”, o “quiero intentarlo de nuevo”.





Y esos amores se van,
aunque hayan sido intensos,
aunque hayan sido bonitos por momentos,
porque lo intenso no siempre es profundo.





Pero el amor verdadero es profundo incluso en el silencio.
No necesita exagerar lo que siente,
porque lo sostiene con acciones pequeñas,
con paciencia, con constancia, con cuidado diario.





Es el amor que entiende que amar no es no discutir,
sino saber volver a encontrarse después de discutir.
Es el amor que no se rinde en la primera grieta,
sino que aprende a repararla.





El amor de hoy muchas veces se quiebra rápido,
porque no se le enseñó a sostener lo que siente.
Pero el amor verdadero no es de moda ni de época,
es de elección, de madurez, de corazón firme.





Y aunque hoy parezca que hay más amores que se van que amores que se quedan,
todavía existen los que eligen quedarse.
Los que no se van cuando todo se complica.
Los que no abandonan cuando el diálogo cuesta.





Porque al final, el amor verdadero no es el que nunca cae,
sino el que aprende a levantarse una y otra vez,
sin soltar la mano del otro en el camino.
Gozas de una sensibilidad poética admirable, yo no tengo apenas de eso, lo tapo haciendo estructura. Déjame que te comento cómo veo el amor romántico tradicional, para mí es como una forma de posesión, algo que busca dominar al otro. Yo defiendo en su lugar, el "amor al lejano", un afecto basado en la superación mutua, la amistad, el crecimiento personal, me gusta el concepto del amor fati porque propone amar el destino propio, aceptando tanto el sufrimiento como la alegría de la vida.
Un saludo.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba