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El amor en un mar de trigo

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
 
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Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
Dulce el amor.

Un saludo.
 
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Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
En ese mar dorado cualquier navío querría perderse.
Un abrazo, Teo.
 
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Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
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Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
Muy buenas letras. Un abrazo con la pluma del alma
 
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