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Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
Muchísimas gracias amigo por tus palabras.
Allí donde nace el trigo el amor se sumerge entre las espigas del cereal, y en su cobrizo sentimiento, la amapola enrojece entre sus olas.
un abrazo enorme amigo.
Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.
Quisiste navegar en el mar de trigo
sin más estrella en el cielo insondable
que el brillo de un sol entre nubes blancas;
golpeaste con el remo a sus ondulantes
y vertebradas olas doradas de cereal
con el desaire del que ya nada teme.
Nada que hoy atesoras y resplandece
gozará de luz propia y tendrá valor,
bien sabes, que en aquel ancho mar
llegamos solo con el alma desnuda
y el recuerdo del tiempo vivido.
Buscaste descanso entre las espigas
dejando al pairo las promesas del timón
cuando naufragar lleva el sabor del amor,
y en aquellas velas ajadas por el tiempo
el aire en la incertidumbre de los besos
musitará la melodía de los latidos,
murmurará cada caricia y cada espina
y en el silencio de los recuerdos
alguien enamorado dirá tu nombre.
Quisiste atrapar cada gota cristalina
que mudamente inundaron tus ojos,
a tu piel esculpida por los dedos de la edad,
a esa dulce fragancia que emana de tu piel
y silente alcanza las profundidades del mar,
como la marea sublime con sus olas
adormece las cicatrices de días pasados,
cuando el amor fue el timón y la esperanza
la hinchada vela que a ciegas nos empujó
a navegar desnudos por aquel mar de trigo,
a dejarnos llevar al pairo y sin timón
sobre el eterno y cobrizo mar de cereal.
Quisiste huir del refugio del puerto
y no volver la mirada al acantilado
con las ánimas bermejas del coral,
y en tu bitácora con letras finas
escribirás al dictado del plácido oleaje
todas las hojas de tu añorada vida,
aquellos besos robados en la oscuridad,
aquellas caricias que callaron la piel
y provocaron grandes tormentas,
escribirás en aquel eterno mar de trigo
y en sus olas doradas dirás mi nombre.