Kazor
Poeta adicto al portal
Me dijeron que la lluvia era feliz,
hasta que la vi llorar.
Sobre las cercanías del pavimento
se amontonan las hojas muertas,
descansan entre los besos de la brisa
se bañan en la desnudez de las alcantarillas.
Quisiera, amor mío,
sentarme en tus labios
y dejar colgar mis piernas,
sentir el vértigo en mi pecho,
observar desde tu cielo
la belleza que anida en tu piel.
Las farolas enseñan que las sombras también sueñan,
cuando nosotros soñamos, ¿quién más sueña?,
todo se absorbe en la ciudad mediante embudos críticos,
es absurda la miel que en su creación intenta autodestruirse,
es amor lo que pasea por las noches entre la hojarasca,
lo ves sentado en un banco echándose un cigarro
expulsando el humo y el vapor de sus pulmones
a la luna que se abriga con las nubes.
¡Qué belleza!¡ Qué paisaje!
Mis ojos tan solo ofrecen fronteras ante un paraíso
que nunca se desvanece,
es como hablar sin decir nada,
escribir sin tinta entre las manos.
Quisiera, amor mío,
colgarme de tus labios sin caerme,
sentir las náuseas del espacio,
deslizarme por tu cuello
hasta el infierno de la nada
y nadar entre tus pechos cada noche.
Más, mira el amor,
se duerme en un banco aletargado,
¿quién lo habrá abandonado?,
solo una farola alumbra su materia.
El amor sueña en su descanso,
¿soñarán las sombras, ahora
que el amor está dormido?
hasta que la vi llorar.
Sobre las cercanías del pavimento
se amontonan las hojas muertas,
descansan entre los besos de la brisa
se bañan en la desnudez de las alcantarillas.
Quisiera, amor mío,
sentarme en tus labios
y dejar colgar mis piernas,
sentir el vértigo en mi pecho,
observar desde tu cielo
la belleza que anida en tu piel.
Las farolas enseñan que las sombras también sueñan,
cuando nosotros soñamos, ¿quién más sueña?,
todo se absorbe en la ciudad mediante embudos críticos,
es absurda la miel que en su creación intenta autodestruirse,
es amor lo que pasea por las noches entre la hojarasca,
lo ves sentado en un banco echándose un cigarro
expulsando el humo y el vapor de sus pulmones
a la luna que se abriga con las nubes.
¡Qué belleza!¡ Qué paisaje!
Mis ojos tan solo ofrecen fronteras ante un paraíso
que nunca se desvanece,
es como hablar sin decir nada,
escribir sin tinta entre las manos.
Quisiera, amor mío,
colgarme de tus labios sin caerme,
sentir las náuseas del espacio,
deslizarme por tu cuello
hasta el infierno de la nada
y nadar entre tus pechos cada noche.
Más, mira el amor,
se duerme en un banco aletargado,
¿quién lo habrá abandonado?,
solo una farola alumbra su materia.
El amor sueña en su descanso,
¿soñarán las sombras, ahora
que el amor está dormido?