El amor es agua que se ha de beber a tiempo

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Évano

Libre, sin dioses.
No sabía de dónde emanaba la fuente
de la gota que caía en su cuenco.

De vez en cuando, refrescaba
solo a una que lo bebía. El temor
a desbordarse pasaba. Feliz
el ritmo del amor continuaba.

Lentas se espaciaron.
No hubo más.

Pasaba el tiempo.
Constantes, las gotas, los días.

Fuente de su adentro;
cálida, serena, paciente,
esperaba.

Pasaba el tiempo.
Constantes, las gotas, los meses.

Bombeaba el corazón, quizá
desde el alma, inescrutable más allá.

El miedo a caer por los cantos
crecía,
crecía.

Casi lleno,
la vasija salpicaba alrededores.

La noche se adentraba.
Nadie venía a beberlo.

Pasaba el tiempo. Constantes,
las gotas, los años.

El cuenco claro estuvo a la vista
de los ojos lejanos. En medio
de ¡tanto prado, tanto verde, tanta alegría!

Desbordado el vaso fluía
por alrededores. Esperaba, esperaba.
Buscaba, buscaba.

Supo de dónde provenía.
Encontró otra boca, otros
labios refrescándose la vida,
liberando miedos de cuencos,
vasijas y vasos repletos.

Miró a los ojos lejanos,
volcó lo repleto,
fue manantial de arrollo;
más prado, más verde;
alegre, sereno, cálido aún
en la noche tranquila con destino al alba.

Escrito en el cuenco volcado
leía el que ahora acudía:

Ahora ya tenéis,
ya tenéis motivos.





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Gracias por leer.

07/07/26
 
Última edición:
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar»

Évano,

Hay algo que el poema sabe hacer con maestría: guardarse. La fuente, el cuenco, el corazón que bombea —todo ese caudal interior permanece sin nombre, sin rostro, sostenido únicamente por su propia espera. La elipsis trabaja aquí con una fuerza callada: no se dice qué se espera, ni quién debería llegar, ni por qué nadie viene. Esa omisión no es vacío, es el peso exacto de la soledad amorosa.

La estructura anafórica de los intervalos temporales —
Pasaba el tiempo. Constantes,
las gotas, los meses.
— actúa como un reloj que se repite hasta volverse insoportable. Cada reaparición de esa cadencia añade un mes, un año; el tiempo no avanza, se acumula.

Lo que más me detiene es el giro final: el cuenco volcado que se convierte en manantial. No es solo el amor que se da, sino el amor que deja de contenerse, y en ese derramarse encuentra su forma verdadera. La inscripción al pie —
Ahora ya tenéis,
ya tenéis motivos.
— llega como un susurro desde dentro del poema, casi una contraseña entre quien amó a tiempo y quien llegó a beber.

Me alegra que lo hayas compartido.
 
No sabía de dónde emanaba la fuente
de la gota que caía en su cuenco.

De vez en cuando, refrescaba
solo a una que lo bebía. El temor
a desbordarse pasaba. Feliz
el ritmo del amor continuaba.

Lentas se espaciaron.
No hubo más.

Pasaba el tiempo.
Constantes, las gotas, los días.

Fuente de su adentro;
cálida, serena, paciente,
esperaba.

Pasaba el tiempo.
Constantes, las gotas, los meses.

Bombeaba el corazón, quizá
desde el alma, inescrutable más allá.

El miedo a caer por los cantos
crecía,
crecía.

Casi lleno,
la vasija salpicaba alrededores.

La noche se adentraba.
Nadie venía a beberlo.

Pasaba el tiempo. Constantes,
las gotas, los años.

El cuenco claro estuvo a la vista
de los ojos lejanos. En medio
de ¡tanto prado, tanto verde, tanta alegría!

Desbordado el vaso fluía
por alrededores. Esperaba, esperaba.
Buscaba, buscaba.

Supo de dónde provenía.
Encontró otra boca, otros
labios refrescándose la vida,
liberando miedos de cuencos,
vasijas y vasos repletos.

Miró a los ojos lejanos,
volcó lo repleto,
fue manantial de arrollo;
más prado, más verde;
alegre, sereno, cálido aún
en la noche tranquila con destino al alba.

Escrito en el cuenco volcado
leía el que ahora acudía:

Ahora ya tenéis,
ya tenéis motivos.





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Gracias por leer.

07/07/26
Yo vengo con una jarrita chica, para aliviar la sed,
a ver si no se me rompe antes de beber.
No hay manera de superar a la Robotija, señor Vicente,
y tengo que salir del paso como sea ;)
Me gustó el poema y me gustan las imágenes.
Un abrazo, compañero,ya solo con 37 graditos.
 
Última edición:
Yo vengo con una jarrita chica, para aliviar la sed,
a ver si no se me rompe antes de beber.
No hay manera de superar a la Robotija, señor Vicente,
y tengo que salir del paso como sea ;)
Me gustó el poema y me gustan las imágenes.
Un abrazo, compañero,ya solo con 37 graditos.

Robotija está tan enamorada que esta vez falló, cosa que me alegra.

Ahora ya tenéis,
ya tenéis motivos.

Dejé la frase inacabada: Ahora que ya no quiero saber nada de aquellos que, viéndome repleto de amor, no acudieron, no me vieron, no quisieron por ningún motivo, pues no lo tenían siendo yo bueno, ahora que he volcado el cuenco y me he ido y no quiero saber nada de ellos, de esos ojos lejanos, ahora sí tienen un motivo.

La jarrita, o cuenco, vaso o vasija es para que alguien beba de su amor: sus hijos, padres, amigos, amantes... De su vaso beben, y me alegro. Usted debe beber de otros vasos, que seguro lo hace porque el Amor abarca todo, incluso mascotas o esa caricia, o ese sufrir ante injusticias. Pero claro, es bueno que también beba el amor "erótico, etcétera. Y aquí me quedo que me enredo y no sé salir si no me sacan loooool.


Gracias, Rosi. Un abrazo de 37 grados, al sol, o a la sombra.
 
Última edición:
No sabía de dónde emanaba la fuente
de la gota que caía en su cuenco.

De vez en cuando, refrescaba
solo a una que lo bebía. El temor
a desbordarse pasaba. Feliz
el ritmo del amor continuaba.

Lentas se espaciaron.
No hubo más.

Pasaba el tiempo.
Constantes, las gotas, los días.

Fuente de su adentro;
cálida, serena, paciente,
esperaba.

Pasaba el tiempo.
Constantes, las gotas, los meses.

Bombeaba el corazón, quizá
desde el alma, inescrutable más allá.

El miedo a caer por los cantos
crecía,
crecía.

Casi lleno,
la vasija salpicaba alrededores.

La noche se adentraba.
Nadie venía a beberlo.

Pasaba el tiempo. Constantes,
las gotas, los años.

El cuenco claro estuvo a la vista
de los ojos lejanos. En medio
de ¡tanto prado, tanto verde, tanta alegría!

Desbordado el vaso fluía
por alrededores. Esperaba, esperaba.
Buscaba, buscaba.

Supo de dónde provenía.
Encontró otra boca, otros
labios refrescándose la vida,
liberando miedos de cuencos,
vasijas y vasos repletos.

Miró a los ojos lejanos,
volcó lo repleto,
fue manantial de arrollo;
más prado, más verde;
alegre, sereno, cálido aún
en la noche tranquila con destino al alba.

Escrito en el cuenco volcado
leía el que ahora acudía:

Ahora ya tenéis,
ya tenéis motivos.





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Gracias por leer.

07/07/26
La entrega y la trascendencia del amor o más bien la esencia interior.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
La entrega y la trascendencia del amor o más bien la esencia interior.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
De tu poema me gustó la metáfora del cuenco y las gotas constantes. La sensación de espera y desbordamiento está bien lograda. Transmite serenidad, paciencia y esperanza contenida.

Abrazos azules siempre.


Gracias, muy amables por su visita y comentarios.

Saludos cordiales.
 

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