El amor,
como un chiste contado por primera vez,
estalla en carcajadas fuertes,
que resuenan en cada rincón de la casa,
que llenan el pecho,
que hacen vibrar el alma.
La segunda vez,
vuelves a reír,
pero la risa es más corta,
menos intensa,
como una melodía que empieza a desvanecerse.
La tercera vez,
apenas escapan unas sonrisas,
un destello de la alegría primera.
Y cuando el chiste se cuenta una vez más,
ya no hay risa,
solo una mueca dulce,
un gesto silencioso
que guarda el eco de un recuerdo feliz.
Así es el amor:
al principio, carcajadas fuertes,
gritos al mundo,
manos enlazadas sin miedo.
Luego, todo se vuelve costumbre,
pero aún tibio, aún vivo.
Después, solo algunas sonrisas,
momentos breves de ternura.
Y al final...
solo queda mirar al cielo,
cerrar los ojos
y sonreírle al recuerdo de aquel amor.
-Dior
como un chiste contado por primera vez,
estalla en carcajadas fuertes,
que resuenan en cada rincón de la casa,
que llenan el pecho,
que hacen vibrar el alma.
La segunda vez,
vuelves a reír,
pero la risa es más corta,
menos intensa,
como una melodía que empieza a desvanecerse.
La tercera vez,
apenas escapan unas sonrisas,
un destello de la alegría primera.
Y cuando el chiste se cuenta una vez más,
ya no hay risa,
solo una mueca dulce,
un gesto silencioso
que guarda el eco de un recuerdo feliz.
Así es el amor:
al principio, carcajadas fuertes,
gritos al mundo,
manos enlazadas sin miedo.
Luego, todo se vuelve costumbre,
pero aún tibio, aún vivo.
Después, solo algunas sonrisas,
momentos breves de ternura.
Y al final...
solo queda mirar al cielo,
cerrar los ojos
y sonreírle al recuerdo de aquel amor.
-Dior