jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
podría entrar al baño cuando ella esté bañándose
agarrarle la cabeza y estrellarla contra los azulejos
con fuerza, hasta que se escuche un crujido seco
luego podré decir que debió resbalarse
que oí un grito y un golpe
yo estaba en la sala viendo la tele
cuando me asomé al baño ya no había nada que hacer
estaba tirada en el piso y el agua le caía en la cara;
o tal vez cuando cojamos
presionar la almohada contra su boca
sofocarla mientras se la estoy metiendo
que muera feliz y contenta
que muera mientras su coño tintinea como campanita
-¿qué otro momento sería preferible?-
una vez asfixiada enfundarle la cabeza en una media
decirle a la policía que le gustaban los juegos eróticos
que se autoasfixiaba para tener mejores orgasmos
pero la cosa se salió de madre
al menos murió con esa cara de felicidad;
podría también drogarla alguna noche
inyectarle luego vino blanco en las piernas
en los brazos, en el culo, en las tetas
desmembrarla luego cuidadosamente
guardar los pedazos en el congelador
pedirle consejos culinarios a su mejor amiga
y freír un poco de ella cada dos o tres días
comérmela a mediano plazo
las noches que me invada la melancolía
oyendo los preludios de chopin o la serenata de invierno de hayden
quizás pedirle a su mejor amiga que me acompañara
emborracharla y luego cogérmela sobre la mesa
junto a los restos ya fríos de las pechugas rebozadas al perejil;
o aflojarle los frenos al coche algún fin de semana
cuando coge la autopista y visita a la bruja
con suerte se va con el carro a un barranco
y cobro de una vez el seguro de vida y carro nuevo
y hago las maletas y me voy de esta puta ciudad
lo más lejos posible que consiga llegar
alaska o tombuctú o del otro lado de la muralla china
empezar desde cero una vida distinta
con una mujer que no se parezca en nada a ella
que no me la recuerde para nada
que me trate con amor y no me grite por cualquier motivo
ni me ladre para darme órdenes;
podría contratar un matón que se la cargue en el super
o cuando sale a trotar por las mañanas en el parque;
podría arrojarla por encima del balcón y que vuele cinco pisos
podría seguirla hasta el metro cuando...
-¡villa, deja de escribir tus pendejadas y dame una toalla!
-sí, mi vida, ahora te la llevo, chiquita hermosa...
agarrarle la cabeza y estrellarla contra los azulejos
con fuerza, hasta que se escuche un crujido seco
luego podré decir que debió resbalarse
que oí un grito y un golpe
yo estaba en la sala viendo la tele
cuando me asomé al baño ya no había nada que hacer
estaba tirada en el piso y el agua le caía en la cara;
o tal vez cuando cojamos
presionar la almohada contra su boca
sofocarla mientras se la estoy metiendo
que muera feliz y contenta
que muera mientras su coño tintinea como campanita
-¿qué otro momento sería preferible?-
una vez asfixiada enfundarle la cabeza en una media
decirle a la policía que le gustaban los juegos eróticos
que se autoasfixiaba para tener mejores orgasmos
pero la cosa se salió de madre
al menos murió con esa cara de felicidad;
podría también drogarla alguna noche
inyectarle luego vino blanco en las piernas
en los brazos, en el culo, en las tetas
desmembrarla luego cuidadosamente
guardar los pedazos en el congelador
pedirle consejos culinarios a su mejor amiga
y freír un poco de ella cada dos o tres días
comérmela a mediano plazo
las noches que me invada la melancolía
oyendo los preludios de chopin o la serenata de invierno de hayden
quizás pedirle a su mejor amiga que me acompañara
emborracharla y luego cogérmela sobre la mesa
junto a los restos ya fríos de las pechugas rebozadas al perejil;
o aflojarle los frenos al coche algún fin de semana
cuando coge la autopista y visita a la bruja
con suerte se va con el carro a un barranco
y cobro de una vez el seguro de vida y carro nuevo
y hago las maletas y me voy de esta puta ciudad
lo más lejos posible que consiga llegar
alaska o tombuctú o del otro lado de la muralla china
empezar desde cero una vida distinta
con una mujer que no se parezca en nada a ella
que no me la recuerde para nada
que me trate con amor y no me grite por cualquier motivo
ni me ladre para darme órdenes;
podría contratar un matón que se la cargue en el super
o cuando sale a trotar por las mañanas en el parque;
podría arrojarla por encima del balcón y que vuele cinco pisos
podría seguirla hasta el metro cuando...
-¡villa, deja de escribir tus pendejadas y dame una toalla!
-sí, mi vida, ahora te la llevo, chiquita hermosa...