prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
De esa luz de nieve
que hace de tus senos avalancha
cuando el eco de un beso
es demasiado ruido....
De ese frío que es como un pegamento,
antes de abrazarnos desnudos.
De esos labios de la hierba
que recorren a tu sombra...
De esos ombligos de ausencias
que van disfrazados por mariposas
todavía sangrando...
De esas piedras detrás de la piel
que todavía son una iglesia.
De esos jardines de la soledad
donde sembramos agua
para que nazcan miradas.
De esas lágrimas que cruzan
las retinas como aves imperturbables.
De esos segundos corriendo
por el serpentín de la mala suerte
ya torcido en la dirección contraria
a lo que nos amamos.
De esos grillos que hay en el cerebro
que cantan uno para el otro
cuando estamos dormidos.
Y cuando despertamos se esconden en el alma
y allá se encuentran,
por que las nuestras se unen al abrir los ojos.
que hace de tus senos avalancha
cuando el eco de un beso
es demasiado ruido....
De ese frío que es como un pegamento,
antes de abrazarnos desnudos.
De esos labios de la hierba
que recorren a tu sombra...
De esos ombligos de ausencias
que van disfrazados por mariposas
todavía sangrando...
De esas piedras detrás de la piel
que todavía son una iglesia.
De esos jardines de la soledad
donde sembramos agua
para que nazcan miradas.
De esas lágrimas que cruzan
las retinas como aves imperturbables.
De esos segundos corriendo
por el serpentín de la mala suerte
ya torcido en la dirección contraria
a lo que nos amamos.
De esos grillos que hay en el cerebro
que cantan uno para el otro
cuando estamos dormidos.
Y cuando despertamos se esconden en el alma
y allá se encuentran,
por que las nuestras se unen al abrir los ojos.
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